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| Home > Noticias > NCAA > Super Mario Chalmers lleva a Kansas hasta el 'tri' | |||||||||||
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75 - Kansas (33+30+12): Mario Chalmers (18), Darrell Arthur (20), Russell Robinson (2), Brandon Rush (12), Darnell Jackson (8) -cinco inicial- Sherron Collins (11), Sasha Kaun (4) y Cole Aldrich (-).
68 - Memphis (28+35+5): Antonio Anderson (9), Chris Douglas-Roberts (22), Derrick Rose (18), Joey Dorsey (8), Robert Dozier (11) - cinco inicial- Doneal Mack (-), Shawn Taggart (2), Willie Kemp (-) y Pierre Niles (-). Árbitros: Don Cahill, Ed Corbett, Ed Hightower. Eliminaron por cinco faltas a Joey Dorsey (m.38). Incidencias: Final de la NCAA disputada en el Alamodome de San Antonio ante 43.257 espectadores. Roy Williams, coach de North Carolina -víctima de Kansas en semifinales- vio el partido con una sudadera de los Jayhawks, a los que entrenó durante 15 años antes de pasar a ocupar el banquillo de su alma máter. Entre los hinchas ilustres de los Tigers sobresalió la presencia de Penny Hardaway. La 'maldición de las 37 victorias' cayó sobre Memphis en el momento más inoportuno -si es que hay algún momento oportuno para que que te pase algo así- y catapultó a Kansas hacia su tercer título, en un partido muy igualado y marcado por una milagrosa última jugada del tiempo reglamentario. Antes de los Tigers lo habían padecido tres equipos: alcanzar las 37 victorias, para luego morir en la orilla del título. Los de John Calipari se presentaban en la final con unas más, que, combinadas con las 36 de los Jayhawks, sumaban el mayor número de la historia entre dos contendientes al título. Historias e historietas al margen, Memphis salió más enchufada: 3-9 de salida, gracias a un ataque más fluido y variado que Kansas, perdida en mucho bote y poco pase. Sin embargo, la entrada en pista de Kaun provocó un efecto inmediato: cierre de la pintura y cambio de orientación en ataque: balones interiores para Arthur, Jackson y el propio Kaun que, además de anotar con cierta comodidad, cargaron pronto de faltas a Dozier y Taggart. Los Jayhawks amagaban con hacer lo mismo que ante North Carolina: marcharse por la vía rápida (22-15), intento de fuga que los Tigers abortaron con triples consecutivos de Anderson, Dozier y Douglas-Roberts, parte de un parcial de 0-10 que dio la vuelta al marcador, aunque Kansas se sacó de la manga una réplica igual de contundente: 11-2, y al descanso con un colchón de cinco puntos (33-28). Las conclusiones eran claras. El oficio de Kansas, huérfana de un mínimo proyecto de estrella, hacía más fuerza, sobre todo interior (12 de sus 14 canastas antes del parón las consiguió en la pintura) que el talento de la doble DR de Memphis, que en la primera parte sólo funcionó al 50%, ya que Rose anduvo perdido en un mar de 2 y 3 contra uno. El paso por vestuarios le sentó bien a Memphis, que volvió al parquet con el cuchillo entre los dientes. Su defensa subió dos marchas y su ataque lo agradeció. Parcial de salida de 2-7, y vuelta a empezar. A partir de ahí, y durante siete minutos, intercambio milimétrico de canastas... hasta que Rose destapó el tarro de las esencias. El base encontró, por fin, el ritmo adecuado y cogió el partido por los cuernos. Doce puntos suyos dieron forma a un parcial de 4-14 que puso a Kansas al borde del colapso (51-60, m.37:50). Pero los Jayhawks tiraron otra vez de oficio y, con una canasta de Arthur y un triple de Collins, tras robar el balón en el saque de fondo, metieron el miedo en el cuerpo a unos Tigers que, quizás, se vieron campeones antes de tiempo. Quedaban 99 segundos por delante. Todo un mundo. Y aquí empezó el partido de verdad, la auténtica locura de marzo (y abril). Dos tiros libres de Douglas-Roberts dieron aire a Memphis (56-62), que en la jugada siguiente volvió a verse ganador tras un estratosférico tapón de Dorsey a Collins. Pero no, esto es la NCAA, donde 2+2 rara vez suman cuatro. Porque cuatro tiros libres eran los que había anotado sin falllo Douglas-Roberts. Y tres, sin acierto, los que erró en los últimos 65 segundos del tiempo reglamentario. A Rose también le tembló el pulso cuando, con 60-63 y 10.8 en el reloj, sólo anotó 1/2 desde la línea de 4.60. El talón de Aquiles de los Tigers, el tercer peor equipo de la NCAA en tiros libres, saltaba a la palestra en el momento más delicado. Como lo hizo Super Mario Chalmers, anotando un triple mágico a 2.1 del bocinazo, el primer clavo en el ataud de unos Tigers que cometieron el error de no hacer falta. El error de los errores en este mundillo. El error que algunos no consideran tal por motivos éticos. Pero ésta era una final. Para Memphis fue el final. Kansas no quiso llevar la contraria al axioma 'el que empata, desempata'. Aprovechó el aturdimiento de su rival para infligirle un lapidario 6-0 en la mitad exacta del tiempo extra. Douglas-Roberts dio los primeros puntos a Memphis desde los 4.60, ahora sí, y la esperanza con un triple (71-68) a 56.8 del final. Chalmers respondió con un 1+1 y D-R falló una bandeja sencilla. Aquí huele a muerto. O casi. Porque a continuación, Collins resbala con el balón en su poder y ofrece una última oportunidad a Memphis, que Douglas-Roberts malgasta con un triple al hierro con 18.2 en el crono. Falta rápida y 1+1 para Collins. El primero entra después de tocar dos veces en el tablero y cinco en el aro. La señal definitiva de que era el día de los Jayhawks. El día en que a los Tigers le azotaron todas todas las maldiciones. |
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