Bien es sabido que para consagrarse, hay que hacer un buen partido en el Madison Square Garden. Este año son muchos quienes se consagran, aunque esta noche llegaba uno ya conocido: Jermaine O'Neal llegó, vió dominó la zona neoyorkina (22 puntos) hasta que en la segunda parte los problemas de faltas le apartaron del partido. La consagración le correspondía a otro, un jugador de trayectoria con altibajos, pero que se metió el partido en el bolsillo con 36 puntos, muy bien surtidos gracias, en parte, a las 12 asistencias de
Jamaal Tinsley (bastante negado de cara al aro, por otro lado). El acompañamiento del equipo cumplió con creces, con buenas aportaciones de
Troy Murphy , Granger y
Marquis Daniels . Muy buen lavado de cara que le ha hecho a esta franquicia nuevo entrenador Jim O'Brien.
La cara de
Isiah Thomas fue un poema durante todo el partido. Abrumado, sin saber qué hacer, superado completamente: sacando a
Stephon Marbury desde el banquillo para dar casi 30 minutos a un
Fred Jones de nula aportación y desestabilizando al equipo, que sólo aguantó la primera mitad la embestida "hoosier", yéndose al vestuario solo siete abajo.
Zach Randolph y
Jamal Crawford acaparando juego en una plantilla llena de individualidades (tan sólo 16 asistencias de los Knicks frente a las 29 de los Pacers). Si además tiras peor (38% en conjunto frente al 58% del visitante) que el rival, el resultado final es perder en casa de casi treinta. Los knicks están en profunda crisis de juego, los nuevos fichajes no solucionan nada, y los jugadores de la casa a veces dan la talla, pero a veces no, sobre todo si carecen de oportunidades. Pero esto pasa ya desde hace años, y nadie soluciona nada en la franquicia mejor valorada de la NBA en lo tocante a lo económico. Nada más que en lo económico según mercado potencial, si no que pregunten a James Dolan cuanto se deja en sueldos.