La noche del jueves la han abierto dos clásicos de la Liga, por nombres dos de los más grandes. en Boston, "Bean Town", recibían a los New York Knicks. Un equipo a la alza, tras los ya sabidos refuerzos veraniegos, y cada vez más compenetrados, que se cebaron con un eterno rival en horas bajas y donde la dimisión del entrenador y mánager general se pedía anoche en su propio campo. Nada que perder y mucho que ganar para los Knicks, pero la motivación verde fue mucho mayor, así como las ganas de demostrar quién manda en el atlántico y en la Liga.
Inusualmente de verde en casa, los Celtics salieron a morder y defender. En cinco minutos ya se habían ido en el marcador de diez puntos, manteniendo la diferencia en el descanso del primer cuarto llegaron con 27-16. Kevin Garnett dedicado a secar a Randolph y dominar el tablero, abriendo huecos para los tiros de Ray Allen y penetraciones de Paul Pierce , acompañados por un buen Rajon Rondo que se unió a la fiesta bien pronto. Festival de generosidad, de ganas de ganar y arrasar, dosificando titulares frente a la banda neoyorkina, tratando de resolver por individualidades, lo que lleva a malos porcentajes y... a perder de 50. Nadie se salva en los knicks, con un 30% de acierto en el tiro no se va a ningún lado. Con los celtics crecidos, Eddie House y Glen Davis se hicieron sus huecos, sus tiros, y una buena aportación del banquillo de Boston que superó al de Knicks.
En definitiva, no solo los Red Sox dan alegrías en Boston frente a los neoyorkinos...