Detroit Pistons. Sigue Ben Wallace

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Notapor Gran Pa Roach » Mié Mar 02, 2005 5:40 pm

Me parece un detalle askeroso de sheed restregando el anillo al publico que alguna vez lo alabo, esto nos demuestra que sheed a pesar de tener 31 tacos sigue siendo = de crio que cuando entro en esta liga con 20 añitos, la verdad es que es tristisimo que poca calidad humana que tienen algunos jugadores y que inmadurez la de sheed...
Las caballerizas estan a tope y en Tejas los combatientes estan listos quien lograra el ansiado anillo??¿¿
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Gran Pa Roach
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Notapor Demian » Mié Mar 02, 2005 5:50 pm

Bueno, tampoco es para tanto. Sheed es un jugador que ha salido de los bajos fondos. No esperes muy buena educación por su parte, y más con el equipo y la afición que le echó la culpa de todo lo que pasaba. Fue el chivo expiatorio junto con Bonzi Wells, y su carácter le hace ser vengativo. Y aún encima, Portland sigue fatal. Más a favor de Sheed.

Qué esperabas de una persona como él?

En Detroit están encantados con él, tanto en su juego como con su persona.
Muy amable cuando está cómodo y feliz, y vengativo cuando encuentra a alguien malo de su pasado.

No lo juzgues por lo que hace. Menos mal que sólo hace eso y no agrede a nadie. Del mundo que viene, menos mal que no hace cosas peores. Hay que dejarlo en paz. Provocar a esta gente no tiene mérito. Es demasiado fácil. Es más, la gente que lo provoca, es tan mala o ignorante como él.
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Notapor wallace x 2 » Dom May 08, 2005 6:28 pm

Revivo el topic con dos articulos, sobre la maltrecha relacion entre MJ y Isiah.Muy recomendables.



Retrato de un odio 1


Michael Jordan llegó como un ciclón a la NBA, brillando con luz propia en su año de rookie y participando en su primer All Star con aparente suficiencia. En ese momento se cimentó una relación truculenta y apasionada que tendría en el otro bando a Isiah Thomas, otra de las grandes estrellas de la Liga, quien nunca toleró el dominio en la pista y la soltura con los medios del joven Jordan. En esta primera entrega, Gonzalo Vázquez relata los primeros pasos de su enemistad, oficializada en 1985 durante el fin de semana de las estrellas de Indianapolis

El sábado 9 de febrero de 1985, a poco de firmado el cósmico contrato con Nike y agolpándose otras firmas detrás, Michael Jordan, novato de 21 años, debutaba en el segundo concurso de mates de la NBA con motivo del All Star en Indianápolis. Y lo haría de auténtico estreno: un espectacular modelo de zapatillas Air Jordan High Black&Red y un vistoso chándal de diseño –exclusivo al evento- que no abandonaría hasta transcurrida la primera ronda. En su antebrazo derecho calzaba una inmaculada muñequera blanca y, rodeándole el cuello, dos holgadas cadenas de oro que chillaban sobre su piel negra y sólo dejarían de bailar cada vez que tomaba asiento en el banco de matadores, donde a diferencia del resto aparecía cómodamente recostado, con un brazo sobre el hombro de las sillas y mascando chicle como si con él no fuera la cosa.

Pero vaya si iba. Jordan no pasó por alto un solo detalle. Ni que Darrell Griffith sellara con esparadrapo su punto de batida un palmo por delante de la línea para el primer mate largo de la noche, ni que Stansbury, espoleado por su público, retrasara la marca del suelo sin éxito. Ambos dos, y poco después el propio Dr J, que la víspera celebrase su 35 cumpleaños, pudieron quedar humillados cuando Jordan, con una facilidad pasmosa y utilizando el mismo reclamo del esparadrapo, logró ejecutar nítidamente el 50 desde donde ninguno de ellos lo había conseguido. La diferencia era abrumadora y la TBS lo sabía. Porque, no sólo el público: la misma cámara parecía adorarle. Había algo de insobornable atracción en aquella joven y hermosa figura que, al igual que John Wayne, saturaba felizmente la pantalla americana. Así fue que cuando improvisó un guiño a la primera fila tras uno de sus mates, todo el país debió de caer seducido a su hechizo. ¿O no? ¿O podría haber un espíritu que movido por la suspicacia, por un profundo recelo muy cercano a la envidia, contemplase aquellas evoluciones como un episodio de vanidosa petulancia? ¿Alguien que el mismo viernes pudo inclinarse públicamente por Dominique Wilkins sin mencionar una sola vez al hombre diana de aquel fin de semana?

En la tarde del día siguiente, pocas horas antes de la gran cita del domingo, Jordan pasaba el tiempo a solas en la habitación del hotel. Estaba nervioso. Siendo su primer All Star, le invadían la timidez y el no saber muy bien qué hacer. Que las demás estrellas coquetearan juntas abajo en el vestíbulo sin su presencia le causó aún mayor inquietud. En absoluto deseaba parecer desconsiderado, así que, transcurrida una eternidad decidió bajar y dejarse ver. El pasillo estaba desierto cuando el ascensor abrió sus puertas procedente de alguna planta superior. Tan ensimismado entró que casi ni se dio cuenta de que dentro viajaba otra persona. Lo reconoció enseguida. Era Isiah Thomas, a quien veía a solas por primera vez. Víctima del recato o la sorpresa, o quizá contrariado por que Thomas bajara visiblemente la mirada en silencio nada más verle entrar, Jordan acudió por instinto al botón cuando éste ya estaba activado en dirección al vestíbulo. Consciente de la torpeza, reculó enseguida y cuando quiso saludar, sintió que lo hacía tarde, no se reconoció en absoluto y sus palabras, un desmañado balbuceo a destiempo, sonaron huecas, casi importunas: “Hello... how ya doin’?”. Había que ser muy generoso para entender el sordo gruñido de Thomas como respuesta al saludo o como invitación a la charla. No cuando ni siquiera alzó la cabeza. Más bien no hubo respuesta y el trayecto hasta abajo, con ambos callados, en esquinas opuestas y mirando al suelo, se hizo incómodo, se hizo eterno. Al llegar al vestíbulo Thomas salió despedido en una dirección de la que Jordan se alejó cuanto pudo. Y ni el rápido calor de los saludos, ni las sonrisas ni las fotos lograron disiparle la molesta tensión de aquel primer encuentro con quien en un rato, parecía mentira, iba a compartir equipo. Podría ser el más novato del mundo pero aquello, se confesó a sí mismo, no era en absoluto normal.



El partido no fue nada bueno para Jordan. Saliendo de titular anotó únicamente dos canastas de nueve desangelados tiros. Sabía que su presencia en pista no iba a ser la acostumbrada, pero según pasaban los minutos se fue convenciendo de que su compañero y base Isiah Thomas parecía estar eludiendo compartir el balón exclusivamente con él. Sintió que aquella actitud se había extendido a una parte de sus compañeros e incluso rivales. No lo podía creer. Victimizado a sí mismo, se figuró en pleno juego que todos tomaban partido en una fiesta de la que él, por algún extraño motivo que no alcanzaba a comprender, era excluido. Definitivamente y tras 22 minutos en pista (de los 10 titulares el de menor minutaje), Jordan sólo quería largarse de allí pitando. La experiencia de aquel domingo le causó un hondo malestar y volver aprisa a Chicago no logró reponer su ánimo. Y menos aún cuando fue abordado a traición por un relaciones de la franquicia:

-¿Se puede saber qué es lo que te ha pasado con Isiah?
-¿¡A mí!? ¿Por qué?
-Por lo que parece os encontrásteis en el ascensor y le negaste el saludo. Y la verdad, por lo que se pudo ver en televisión, no le dirigiste la palabra en todo el partido. ¿A qué se debe?

Esta nueva sorpresa agotó su paciencia. Resultaba que entre los mentideros de la liga y la prensa, un torrente de informaciones coincidían en defender una siniestra tesis: la actitud de Jordan durante todo el fin de semana había sido impropia de un recién llegado a la liga. Su indumentaria del sábado fue un acto de ostentación, su ausencia en buena parte del meeting del domingo de arrogancia y su falta de empatía con el resto la prueba final de su absoluta vanidad y desprecio. En suma, parecía haber acudido a la cita con el único fin de promocionarse comercialmente. Jordan no daba crédito. Precisamente una semanas atrás había renunciado al liderazgo impuesto por su técnico Kevin Loughery por lo que el jugador consideraba una cuestión de respeto a los veteranos de Chicago y, en su primer encuentro público, producía sin quererlo el efecto contrario. Así dedujo enseguida que el causante de todo aquello tenía que ser forzosamente Isiah Thomas. Sólo había que atar unos cabos. Movido quizá por la envidia o por un oscuro recelo, Thomas no soportaría la idea de que aquel joven del que todo el mundo hablaba, el brillante oro olímpico que él no pudo ser y multimillonario a mayor velocidad que nadie, fuese a triunfar impunemente en su ciudad natal, Chicago. Luego aquel espectador insurgente del sábado podía ser, quizá como ningún otro en todo el país, un colega de profesión y compañero suyo aquel domingo, el base estrella de los Pistons de Detroit, Isiah Thomas. Convencido de la conspiración, Jordan desató su ira extendiendo la acusación a George Gervin (rival en el Oeste) y sobre todo, a Magic Johnson, cuya conocida amistad con Thomas alcanzaba a compartirlo todo: la confidencia, los veranos e incluso el mismo agente, suficiente para excluir su relación durante años.

El caprichoso destino deparó que el mismo martes, Chicago volviese al trabajo en casa contra Detroit. Completamente mudo durante el partido, no cabía entender la depredadora actuación de Jordan más que como una declaración oficial. No sonrió ni una sola vez en toda la noche, a cuyo final y victoria, registró nada menos que 49 puntos y 15 rebotes, la anotación más alta para un novato en la historia de la franquicia roja. Por si hacía falta, la prensa apostillaba: JORDAN GETS HIS REVENGE. Era el comienzo de una bonita “amistad”.




Retrato de un odio 2


En la primera entrega de este relato, Gonzalo Vázquez repasaba el inicio de la eterna enemistad entre Michael Jordan e Isiah Thomas, fraguada desde la misma llegada del primero a la NBA. Los enfrentamientos y los desaires se sucedieron tanto dentro como fuera de la pista hasta el momento culminante en el que el base de los Pistons se negó a dar la mano a sus rivales tras perder ante los Bulls. La venganza de Jordan llegó en 1992 cuando forzó la exclusión de Thomas del Dream Team. El conflicto, como suele suceder, se difuminó con el tiempo y en 2003, con la retirada de Jordan, el "baile ya pasó


Sin relación ni series que afrontar, Jordan y Thomas –mutuamente ciegos en Regular- volverían a verse las caras al año siguiente en Dallas. Con el primero lesionado de gravedad, todo sería más cómodo para el base, que sin Jordan a su lado, duplicó curiosamente su número de asistencias respecto a la edición anterior logrando su segundo trofeo de jugador más valioso. Jordan se dejó ver más que nunca, incluso en el banquillo de invitados al concurso de mates el sábado y, por descontado, el domingo en el partido, aplaudiendo todas las acciones de su equipo, intimando puerilmente con Julius Erving y calzando un jersey más mundano aún que el chándal y la gorra del día anterior. Dos años después en Chicago, el fin de semana sería enteramente suyo en contraste con un Isiah más bien discreto y ausente al tributo final en honor de su adversario. Entretanto y, hasta destaparse la rivalidad entre los dos equipos de los últimos ochenta, la más cruda de toda la década fuera de unas Finales, Jordan protagonizó contra Detroit algunas de sus más devastadoras noches. El 4 de marzo de 1987 les endosa nada menos que 61 puntos (40.3 en 6 duelos) y un año después, un 3 de abril en el Silverdome de Detroit, en partido televisado en domingo para toda la nación, Jordan registra otra exhibición de juego total donde, además de sumar 59 puntos, decantará el partido a favor luego de un venal taponazo por la espalda a Isiah Thomas. Aquella noche iniciaba el curso de una rivalidad, Chicago-Detroit, hasta entonces históricamente menor.

El cuerpo técnico de Detroit diseñó un plan para detener a Jordan (a Chicago) que contó con la feliz y primerísima aprobación de Isiah Thomas que, sabiéndose no muy buen defensor, aceptaría de buen grado que sus muchachos, un insuperable racimo de aguerridos interiores, desataran una batalla al reglamento arbitral con la falta personal continuada (“A legalized assault on Michael Jordan”), lo que se daría en llamar “The Jordan Rules”. Las cuatro sucesivas series de Chicago y Detroit entre 1988 y 1991, un total de 22 partidos que merecen capítulo aparte, pueden ser objeto de muy diversa óptica histórica, pero por el asunto aludido, deben entenderse como la proyección colectiva de un odio irrefrenable entre las dos respectivas estrellas de cada equipo. Un duelo a muerte con una salvedad obligada: en la asignación de papeles hubo un equipo verdugo y otro víctima.

Los Pistons iniciaron la batalla fuera de pista: encargaron la elaboración de un venenoso montaje de video que enviaron al comité directivo de la liga. La cinta recogía cerca de un centenar de acciones de juego donde Jordan era, según Detroit, injustamente favorecido con falta. Se trataba de denunciar así el paraíso arbitral en que Jordan se hallaba cómodamente instalado. Como cabía esperar la NBA no se pronunció –muchos de sus equipos asentían tácitamente-, pero el resultado de aquella maniobra no tardaría en llegar. “Comprobé que desde entonces el número de faltas que me eran señaladas a favor decreció drásticamente, y no sólo contra Detroit”. El proceso no detonó tanto por la cinta como por la táctica que en adelante utilizarían los Pistons contra Chicago en particular. En cada una de las series, y en adelante en cada partido de Regular, el cuerpo arbitral se vio inevitablemente condicionado dado que Detroit elevaría el listón de los contactos a un punto y continuidad donde no hubiera modo de sancionarse todo. Previamente además, dentro de una sofisticada estrategia, el equipo de Thomas había estado declarando públicamente conocer el secreto para detener a Jordan. “El efecto inmediato que esto produjo en la gente –apuntaba el asistente de Chicago John Bach- era que los Pistons no estaban realmente pegando a Jordan”, que no había faltas que señalar, que todo era producto de un brillante marcaje y mayor defensa sobre la estrella roja.

Como durante tres años el resultado le fuera favorable, Isiah Thomas campó a sus anchas en cada partido contra su adversario, encontrándose especialmente cómodo al salir de rositas, de niño bueno –los secuaces eran otros- cada noche que el duelo se desataba de nuevo. Sin embargo, su irrenunciable papel en un beligerante conjunto que se hizo llamar a sí mismo “Bad Boys” le impuso agredir no pocas veces a sus marcadores Paxson y Armstrong, e incluso, haciendo gala de un descaro sólo entendible en la durísima crianza en los barrios de Chicago, pegarse con Bill Cartwright o soltar tortazos sin miramientos a Marc Iavaroni o Mychal Thompson, hombres mucho más grandes que él. Con Jordan no obstante mantendría una sospechosa actitud de manos limpias, de nulo contacto, eludiendo así motivos para convertirse en diana pública. Todo ello, más caer repetidamente contra Detroit, acreció la frustración de Jordan hasta un límite intolerable –más de una vez perdió los nervios contra sus propios compañeros en vestuarios- y, en íntimo silencio, un visceral odio contra Isiah Thomas que pronto añadiría un nuevo episodio.

Entrado el año 1990, como forma de sufragar algunos de los proyectos y fundaciones benéficas a su cargo, Magic Johnson, con quien Jordan había normalizado ya relaciones, contactó con una cadena de TV por cable ofreciéndose para disputar un “One-on-One” frente a Michael Jordan, lo que supondría el reclamo ideal para un negocio redondo (el canal era de pago). Un partido así no tenía precedentes y como tal la NBA quedaría fuera de un montante económico que fijaría el propio mercado. La cadena aceptó enseguida y pese a que Jordan no mostró gran interés, los representantes de ambos jugadores, David Falk y Lon Rosen, comenzaron a perfilar entusiasmados los detalles del duelo. Sin embargo, el convenio colectivo establecía que todo acto deportivo que incluyese la presencia de jugadores NBA debía ser aprobado previamente por la liga. El contrato de Magic recogía una cláusula llamada “Love for the Game” que facilitaba la operación pero el de Jordan era mucho más complejo y restrictivo. Rosen incluso llegó a sugerir que ambos se retiraran con el único fin de disputar el partido previo regreso, pero evitar problemas con la liga terminó liquidando esta opción. Cuando la propia NBA consideraba relajar sus defensas entendiendo que el duelo podía ser un reclamo fantástico a los ojos del mundo, cuando se bosquejaban las normas (dos partes de 15 minutos a medio campo y punto por canasta), cuando se apuntaba ya una fecha (a poco de terminada la temporada) y cuando la prensa se animaba ya a las apuestas (8 a 5 para Jordan según el USA Today), Isiah Thomas, como presidente de la Asociación de Jugadores, rechazó de plano el proyecto bajo seria advertencia de paralizar la liga si seguía adelante. Alegó que aquello representaría un privilegio intolerable y una clara discriminación respecto a jugadores sancionados por motivos menores. Ese fue el instante en que Jordan mostró un desmesurado interés en disputar el partido. Habiendo guardado un discreto silencio hasta entonces, no tuvo reparos en declarar no sentirse representado por el presidente dado que su papel debía ser “presuntamente el de representar a los jugadores”. Pero yendo más lejos aún, Jordan acusó a Thomas de sufrir auténticos celos. “Bien, el caso es que él no fue elegido para disputar este partido. ¿Y quieres saber por qué? Pues porque si él lo disputara, puede que el evento perdiese bastante interés”. De cualquier modo, uno aparecía por segunda vez como obstáculo del otro. Eso sin contar la anual tortura a que seguía sometiendo Detroit a Chicago en un período en que los compañeros de Jordan eran tildados una y otra vez de comparsas (“The Jordanaires”).


El 21 de abril de 1991, en el partido que cerraba la Regular, Chicago recibía a Detroit en el Stadium con la TV nacional como testigo. Lo ocurrido aquella noche fue una vez más el refrendo de la hostilidad acostumbrada. El partido estuvo detenido varias veces por enfrentamientos, uno de los cuales tuvo a Thomas como diana cuando, al recibir una falta, desató un tortazo a Paxson y cerró desafiante los puños como dispuesto a la pelea. Poco después y viendo que la cosa se apresuraba a hervir, el árbitro principal, Darell Garretson, exigió la presencia de los dos capitanes en media pista. Thomas sí estaba presente pero al resolver acudir Phil Jackson, su asistente Bach corrió a detenerle antes de que Chicago improvisara la vista oral de Bill Cartwright. Garretson se negó en redondo. Quería a Jordan allí, no a ningún otro. Jackson se negó alegando que Cartwright compartía el cargo con Jordan, que ni muerto se habría prestado a arrimar su hombro al enemigo. El cuerpo arbitral terminó aceptando más por evitar la dilación –el Stadium bramaba- que una escena cuyos motivos escapaban a sus manos. Bajo la mirada atenta de toda la nación Jordan se había negado no tanto a un armisticio imposible como a un contacto con su peor enemigo que a lo peor le habría supuesto un intercambio de palabras. Y eso nunca.

Cuando 36 días después Chicago barría inapelablemente a Detroit de sus pesadillas, en esos últimos instantes en que el Palace despedía a sus campeones, ocurrió lo nunca visto. Momentos antes de finalizar el partido Thomas decidió encabezar un desfile de jugadores que marcharían a vestuarios pasando por delante del banquillo rival sin detenerse. Thomas no sólo desoyó las órdenes de su técnico Daly sino los más elementales principios que había conservado la NBA desde sus orígenes. En el impagable instante en que Thomas pasaba por delante de Jordan, a menos de un metro, ni la más poderosa sierra mecánica habría podido cortar aquel espacio de odio infinito. La escena alcanzó el mayor grado de surrealismo cuando Jack McCloskey bajó a la entrada de pista a abrazarse llorando de emoción con quienes deliberadamente estaban desertando de un imperativo cívico que, contrariamente, Chicago había demostrado cada uno de los tres años anteriores, haciendo de tripas corazón y saludando y felicitando sin vacilación a los vencedores. En aquellos macabros instantes Isiah Thomas estaba cavando su tumba olímpica. “Vaya vaya con el presidente de la Asociación de Jugadores”, ironizaba Michael Jordan.

Así fue que transcurrido el verano, en su primer enfrentamiento de Regular el 12 de noviembre y otra vez en el Stadium, lejos de haberse serenado los ánimos, el número de trifulcas, todas del lado ‘piston’, alcanzó tal grado que al terminar el partido, animado por una confidencia del propio Jordan, Scottie Pippen mantuvo esta breve conversación en la emisora local WLUP-AM:

-Claramente te lo digo. Si Isiah Thomas es elegido para el equipo olímpico, yo no iré.
-Perdona, ¿¡estás diciendo que si Isiah Thomas juega en las Olimpiadas, tú no jugarás!?
-Eso mismo. No jugaré.

Así las cosas, el reiterado silencio de Jordan respecto al equipo olímpico durante buena parte de la temporada no se cifraba en los problemas de contrato de imagen con su marca, como se expuso entonces, sino en su absoluta negativa a acudir a los Juegos si Isiah Thomas formaba parte del combinado. La diplomacia hizo lo que pudo: Chuck Daly fue el técnico elegido y Magic Johnson actuaría de engrase personal entre todos los jugadores. En la fila de presentación previa al All Star de Orlando, se escogió cuidadosamente situar a Thomas entre Pippen y Jordan. Sobra añadir que ni se dirigieron la mirada y aquel plano doloroso de rostros hostiles fue cortado de raíz por inadecuado al carácter festivo del evento. Ese mismo domingo Thomas había criticado con dureza que Jordan excluyera su imagen de la camiseta conmemorativa del partido. Había una demanda judicial por medio y en términos de paz, absolutamente nada que hacer.

La USA Basketball tenía que elegir. Comprendió que no había forma de vender al mundo al mejor equipo posible, The Dream Team, sin la presencia de su principal valedor. Así Michael Jordan, terminó apurando hasta la última gota de la venganza, la inmejorable ocasión que servida en frío se le presentaba de repente para resarcir de una vez para siempre los daños causados por su particular e insalvable enemigo. Y que mil años después de comenzado todo, en el All Star de Atlanta en 2003, Isiah Thomas fuese técnico por un día del dios al que por enésima vez el mundo rendía tributo, y que ambos se fundieran al término en un abrazo, sugiere que en efecto, inescrutables son los caminos del Señor aunque lejos anden de poder unirse algún día. El baile ya pasó.



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Notapor PaWeR » Lun May 09, 2005 12:06 am

Interesante artículo, aunque la mayora parte ya la conocia (supongo que tú, wallace, no, ya que seguramente Thomas ya estaba retirado cuando conociste la NBA ;))
Si no recuerdo mal, creo que incluso Magic tuvo sus más y sus menos con Isiah, aunque no recuerdo los motivos. Y tampoco se llevaba bien con sus jugadores en Indiana... algo tendrá.
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Notapor wallace x 2 » Jue Jun 09, 2005 1:42 pm

Aqui os dejo un articulo del plus, sobre Sheed muy chulo

Sheed, Sheed, Sheed.... 'Así es cómo lo hacemos'


Wasssssssssss up, guys? Jajajajajajajajajaja, me sigo riendo. Los Pistons se cuelan otra vez en la final. Vaya tela. A ver, no me parto de los Heat y de Shaq, que va -love for the Heat-, simplemente me hace mucha gracia la historia de los dos últimos años. El basket NBA es un deporte de cinco contra cinco en el que siempre ganan los Pistons. Qué original, ¿eh?, eso os lo he copiado de alguna cita futbolera.

Bueno, guys, el tema es que me flipa ver a Sheed en lo más alto o ver a todos los medios hablar de Rip Hamilton y cómo canta en la ducha... 'This is how we do' -así es como lo hacemos-, que viene a ser uno de los temazos de 50 Cent en el disco anterior al que acaba de sacar -Get rich or die tryin-. Un estribillo más que repetitivo que ha llegado al alma a los plumillas, pues todos lo han utilizado para hablar del estilo Pistons.

Otra vez más, lo han hecho. Es cierto, han reaccionado en el momento oportuno, funcionando contra presión y con un homenaje que ni para qué dedicado a los fans-hooligans de Sheed. Es tiempo de playoffs y por sus Air Force 1 blancas sin la tira de arriba desfilan buena parte de las posibilidades de la ciudad. La barba, ya empieza a ser molesta y larga, pero la sarna con gusto no pica... empezó a crecer cuando empezaron los playoffs y no se la cortará hasta que acaben.

A ver, con Sheed no hay término medio, o le quieres o le odias... no te deja frío, Do you know? Nosotros, los afroamericanos, en general, le amamos. So, no os creáis que es cosa fácil. Desde que Sheed es Sheed, uno de los tipos más elegantes y con clase de la L, se le odia. Ha representado para los blancos y negros asimilados por el sistema, todo lo malo que el afroamericano deportista es. Vamos, que en cualquier diccionario buscas problemas y te saldrá él, con la boca abierta, o gesticulando... lo más feo posible.

Lo que suele pasar es que lo irreverente con lo normal, es aclamado en lo extraoficial. Sheed es un héroe del 'hood', con zapatillas Air Force -las de hace 20 años-, diente dorado y calva. El típico niggaz peligroso porque sus palabras suelen ir acompañadas de razón y provocación. Todo un personaje peculiar, al que se le suele pirar la pinza, pero dentro de la cancha, guys, donde las cosas no son nada más que dinero.

Lo malo para los que le odian es que se le tienen que comer con patatas. Guys, este negro sabe jugar al basket, y su aportación ha sido brutal en resultados finales para los suyos. Todos los partidos en los que ha brillado, han ganado.

No lo digo yo, no quiero copiar, pero mi niggaz Scoop Jackson -ahora anda liado con la ESPN y es un de los reverendos del basket afroamericano- lo deja claro. Sheed la pasada temporada fue la diferencia para los Pistons y este año es la razón.

Detroit está bastante lejos de Noo Yawk, pero me siento como cualquier hermano de la 8th Mile. No, no por Eminen, sino por el amor a Sheed. Le volvieron a tirar el desafío; se sintió cómodo; se enrabietó con la imagen del diablo para él en la cancha, los árbitros -ojo, que trata con un respeto a Babbeta que para él quisieran sus técnicos-; y cuando el partido más cuesta arriba estaba, apareció Sheed.

Nadie le gritaba esta vez Sheed, Sheed, Sheed... Era en cancha contraria. Tampoco le importó, hizo su trabajo, ladró y mordió... Sus Pistons ganaron... es así como lo hacen.
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Notapor Wallace » Vie Jun 17, 2005 5:54 pm

Ya ves Wallace x 2 este euipo no parara hasta que gane el anillo pero estan los Spurs delante pero seguro que los Wallaces no se quedaran quietos ahora que van 2-2 y espero que ganen :twisted:
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Notapor The Big Fundamental » Dom Jun 19, 2005 5:38 pm

LOSSSEEEE BALLLLLLL PISTONSSS BALLLLLL , eso es lo que dice el pincha , cuando pierden el balon el contrario esta guay e intimida
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Notapor wallace x 2 » Sab Jun 25, 2005 4:39 pm

Aqui os dejo un articulo de Le plus X sobre los Pistons



El orgullo de los golpes; La dignidad en la pelea... Thanks, Detroit, thanks


Estoy muerto guyssssss, estoy que no me tengo. Los Spurs me han dejado 'pal arrastre'. Vamos, no os voy a engañar, sabéis de sobra que no me gusta Texas, ni George Bush, ni su pinta de vaqueros. Yo soy de la East Coast, lo que ya de entrada me hace ir con todos los equipos a los que nos moja el culo el Atlántico... Llevo una semana siendo Detroiter -no porque Isiah sea el jefe de mis Knicks-, ni tampoco porque los Spurs fuesen el equipo a batir.

Bueno, en un principio si era un poco así. No me gustan los Spurs no por jugadores, sino por el entorno, do you know? San Antonio es sosa, aburrida y sin mucha presencia afroamericana. Todo los contrario que la Motown. So, en las gradas para mí, guys, hay mucha diferencia entre los sombreros de cowboy y los hermanos, incluido Eminen -casi niggaz-, que pueblan las del Auburn Hills.

Vale, pero esto tampoco explica lo que me pasa con los Pistons. Uno a uno, me resultan ídolos. Si miráis para atrás un pelín, vais a ver que son tipos que se han hecho a sí mismos. Todos a excepción de Rip Hamilton, se han llevado la patada en algún momento de su vida, se les han cerrado puertas y les han mandado al quinto... ¿pimiento? Hasta que llegaron a la Motor City. Joe Dumars se lo olía, y se trajo un montón de 'prescindibles' con el punto común de la clase y la calidad.

Tuvo más de lo que se podía imaginar, guys, un anillo y casi otro, el primer gran partido a muerte en más de 10 años... Tristemente, me tengo que acordar de cuando fue el otro, porque lo perdieron los Knicks con los Rocksssss y con Horry, claro, 1994. Los Pistons son una familia, unida por los malos momentos pasados, la disciplina, la confianza y el orgullo. Una especia de Panteras Negras, en los que todos miran por todos y nadie queda fuera de la manada.

Pensaréis que se me pira la pinza... pues sí, claro, os estoy diciendo que estoy apenado y triste por D. So, esto no quita, niggaz, que les ponga altos como la crema. La NBA, la vida en los barrios y fuera de ellos, para los afroamericanos es una batalla a muerte por salvar tu culo. Primero yo, y después, si te lo curras, tú, pero a mí no me jo... robes. Por eso, cuando salen cosas así, de amor fraternal, respeto y orgullo, uno lo flipa.

Me duele el alma por el orgullo, pisado, por todas las batallas que le han ganado a los más listos que les daban por muertos una y otra vez. Detroit tiene un anillo que llegó al alma, tanto como éste que ha perdido. Ahora, con ellos en el suelo, llega la hora de la masacre, de la leña. Empezarán por Sheed, porque es un placer para ellos verle en el suelo; seguirán con Chauncy, porque es el mejor base de la liga, pero no encaja dentro de la sobriedad de la posición... Y así hasta que se aburran, salvando claro, a su hombre de corbata y gafas redondas, LB. Bueno, también Larry Brown, a las últimas me ha caído bien -perdón Allen-, al menos se ha currado lo de los suyos, su confianza y su amor, que por cierto es recíproco.

Thanks guys, por dos años de mal basket, seguro, pero de guerra santa contra el pensamiento establecido, el que carga contra Sheed, el que os ha puesto en contra de todos... el que os ha hecho más fuertes... Lo sabéis bien... 'Only the Strong Survive'... Sólo los fuertes sobreviven.
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Notapor Demian » Sab Jul 30, 2005 7:04 pm

Detroit ha ejercido la opción de ampliar un año más a Milicic para la 2006-2007.

Tiene un contrato para esta temporada de 4'1 millones, y han activado la Team option por 5'2 millones del año que viene. Además, le pueden hacer un qualifying offer para la 2007-2008 de 6'8, claro que eso lo decidirán el año que viene.
Será que apuestan por desarrollarlo de verdad o para tener más medios para negociar?


P.D. Wallace, podrías quitar la encuesta, editando el primer post no? y si no los moderadores cuando vuelvan.
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Notapor cicuta_mix » Lun Ago 01, 2005 4:37 pm

Ehm... yo no se de qué se queja Milicic :lol: A alguien de vosotros no le gustaría cobrar 5 millones de dólares al año por rascarse las pelotas?
1. No importa si es falta. Tu protesta siempre.
2. Si tu firma ocupa más que tus posts... tienes un problema.
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Notapor Michigan'95 » Lun Ago 01, 2005 4:51 pm

La situacion de Milicic muchos la querrian para si: cobrar autenticas millonadas desde los 17 años, ver partidos NBA en primera linea de pista, ganar un anillo de la NBA sin tener que haber sudado para ello... Ahora bien, si metemos asuntos morales de que el chaval quiera mejorar, quiera participar en el equipo, jugar... y tal, bueno. La cruda realidad es que entre los 4 años de contrato que firmo, cobrara mas que habiendo sido una estrella de primer nivel en Europa
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Notapor baskman » Vie Ene 27, 2006 6:06 pm

bueno, creo que es hora de rescatar este topicya que no lo hace su maximo referente :)

detroit lleva un parcial ahora mismo de 35-5, la mitad del 70-12 mas o menos que lograron en su dia los bulls de jordan, creeis que pueden lograrlo o que por lo contrario se desinflaran en este segundo tramo de temporada

yo particularmente creo que no lo conseguiran aunque rondaran las 65 victorias
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Notapor T-MArC » Vie Ene 27, 2006 6:09 pm

esa marca es difilísima con la igualdad que hay ahora en la NBA, yo creo que no...pero Kobe metió 81 puntos en la actualidad...vete a saber...
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Notapor Demian » Vie Ene 27, 2006 6:24 pm

Creo que la marca de los Bulls fue 72-10 y ahora Detroit está a ritmo de 70-10 y dos partidos más a cara perro para igualar.

Yo creo que no lo consiguen pero se quedarán cerca. Creo que superarán su propio record (que no sé cuál es :P )
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Notapor sammet » Vie Ene 27, 2006 6:33 pm

Bueno, gracias al rescate de este topic me he enterado del odio Thomas-MJ, que no conocía, que curioso. Cuando yo empecé a ver NBA si que jugaba Thomas, pero yo era muy ñajo. El primer partido que recuerdo fue uno de la final que los Pistons le ganaron a los Blazers de Drexler...

Respecto al record, no creo que lo igualen. Yo también les pongo sobre 65 victorias, pero me extrañaría que alcanzaran las 70, creo que cuando se aseguren del todo el primer puesto bajarán el pistón (obsérvese el ingenioso juego de palabras)
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