Historias de ayer y hoy presentan a......

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Moderador: Demian

Notapor Demian » Mar Mar 07, 2006 1:28 am

Pues nada, que haga como se hace en USA, hable con algún abogado prestigioso buscapleitos y haga llorar a todo EEUU para conseguir algún beneficio a posteriori de las ganancias de su imagen pública sin contar con él.

Si no, pocas esperanzas le quedan. Veremos su necrológica en pocos años.
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Notapor baskman » Mar Mar 07, 2006 1:55 pm

vaya no conocia su historia :?

la verdad una gran pena que no se haga nada para ayudarle despues de haber sido famoso por alli, si no hace algo rponto cada vez lo pasara peor y peor y sera gravisimo :(
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Notapor T-MArC » Mar Abr 18, 2006 1:36 pm

HANK GATHERS & BO KIMBLE

In memoriam

Amigos para siempre


La universidad de Loyola Marymount (LMU), un centro docente jesuita californiano, era un perfecto don nadie en el basket universitario. Su paupérrimo currículum arrojaba, a mediados de los 80, un balance de tres calificaciones para el torneo final de la NCAA y un solo partido ganado. Pero todo cambió cuando dejaron allí sus maletas dos jóvenes, criados juntos en los playgrounds de Philadelphia, que se habían marchado por la puerta trasera de otra universidad, USC. Se llamaban Hank Gathers, un alero de 2,01 m., y Bo Kimble, un escolta de 1,93 m.

Gathers y Kimble, inseparables, habían brillado juntos en el high school de Dobbins Tech. Ni uno ni otro encajaron en el esquema de juego de USC, así que se trasladaron a Loyola en busca de nuevos horizontes. Allí se integraron en la disciplina de un técnico peculiar, Paul Westhead, que diseñó un sistema revolucionario: ataques de 10 segundos, mucho lanzamiento triple y presión en toda la pista desde el primer minuto. La combinación del talento de aquéllos y el esquema de éste –que arengaba a sus jugadores con citas de Shakespeare– hizo de LMU el equipo más seguido de EE.UU.

Loyola Marymount era puro espectáculo: promediaba más de 100 puntos por partido y aún hoy perdura el récord que estableció en 1990, con 149 contra Michigan. Y en ese show los actores principales eran siempre Gathers y Kimble. En su primer año en Loyola alcanzaron el 'march madness', cayendo en segunda ronda contra la potente North Carolina. La temporada siguiente Hank se superó a sí mismo, convirtiéndose en el segundo jugador de la historia de la NCAA en liderar las estadísticas tanto de anotación (32,7 puntos por partido) como de rebotes (13,7 por partido), pero Arizona State les dejó fuera en primera ronda del torneo.

La temporada 1989-90 debía ser la del zarpazo definitivo, con la pareja viviendo su último año en el 'college' y dispuesta a dar el salto a la NBA. Juntos bromeaban que Gathers ganaría el concurso de mates profesional mientras Kimble haría lo propio con el de triples. Ignoraban que el destino había decidido jugar a la ruleta rusa con ellos.

El 9 de diciembre de 1989, mientras iba a lanzar un tiro libre durante un partido, Hank se desmayó. Algo fallaba en su corazón, pero las exhaustivas pruebas médicas a las que fue sometido no detectaron qué. Le recetaron betabloqueantes y semanas más tarde reaparecía, anotando 44 puntos. Era el mismo fenómeno de siempre, cuyo único talón de Aquiles eran los tiros libres: uno de los ejercicios que Westhead ideó para mejorarle esta faceta era que los lanzara con la izquierda, cosa que hacía a menudo.

El 4 de marzo de 1990, Hank volvió a marearse tras culminar un alley-oop. Cayó al suelo, víctima de violentas convulsiones. Dos horas más tarde estaba muerto. Luego se supo que padecía una enfermedad congénita llamada cardiomiopatía hipertrófica, un engrosamiento anómalo de la pared ventricular izquierda.

La NCAA suspendió la división y le otorgó una invitación a Loyola Marymount para el torneo final. En el primer partido del playoff, con cobertura televisiva nacional, LMU se enfrentó a New Mexico State. Kimble forzó una personal y se dispuso a lanzar un tiro libre. Aunque era diestro, puso la pelota en su mano izquierda. Se hizo el silencio: todo el mundo sabía que era un homenaje a su amigo fallecido. Encestó. En el Gestern Pavilion de Loyola el público aplaudió y lloró. Desde entonces hasta el fin de su carrera, Bo Kimble lanzó cada primer tiro libre con la izquierda para honrar a Hank.

Loyola ganó aquel partido a Mexico State. E imbuida por el espíritu de Gathers, en segunda ronda dio cuenta de uno de los grandes favoritos, Michigan, en el famoso partido de los 149 puntos, siempre con Kimble como estrella. A continuación cayó Alabama. Y sólo la potente universidad de Nevada Las Vegas (UNLV), que a la postre sería la campeona, pudo con aquel modesto 'college' y con aquel escolta que lanzaba tiros libres con la zurda.

Hoy cuelgan del techo del Gestern Pavilion dos camisetas rojas, la número 44 de Gathers y la nº 30 de Kimble. Se retiraron, cómo no, juntas, en el año 2005.

http://www.elmundodeportivo.es/20060407/NOTICIA216143380.html
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Notapor Demian » Mié May 24, 2006 5:36 am

Una pareja singular


FABRIZIO GIAMPIERI


Dallas, propiedad del extravagante Cuban, elimina al campeón vigente de la NBA, San Antonio, gracias a la muñeca de Nowitzki



A pocos segundos del final de una de las mejores eliminatorias que se recuerdan en la NBA, el entrenador de Dallas Mavericks, Avery Johnson, reunió a sus baloncestistas en círculo para darles un último mensaje. De repente, un personaje extraño, con vaqueros y un jersey con el logo de su equipo, asomó su cabeza en el rondo como un jugador más. Era Mark Cuban, el multimillonario propietario de la franquicia, que ha dado un nuevo significado al hecho de dirigir un equipo desde los despachos. Con Cuban planificando cada contratación, cada canje de jugadores, y presionando a los árbitros desde su blog de Internet y con Dirk Nowitzki, que engorda su leyenda partido a partido, los Mavericks noquearon a los vigentes campeones, los Spurs de San Antonio, al vencerles por 119-111 (4-3) en una serie en la que no bastaron los siete partidos en sí mismos y hubo que ir a una prórroga.

Son Cuban y Nowitzki una pareja singular. Comparten un hambre competitiva que les hace elevarse sobre los demás en sus profesiones. Nowiztki, discreto, incansable y valiente, contrasta con el extravagante Cuban, que, desde que compró la franquicia, en 2000, por 285 millones de dólares, ha pagado en multas cerca de dos millones. Sus infracciones van desde criticar a los árbitros hasta amedrentar a la Liga o saltar al parqué para enfrentarse a los colegiados cuando, en su opinión, sus decisiones han perjudicado a los suyos. Nowitzki, de 2,13 metros y con una de las mejores muñecas, ha promediado 28 puntos y 11 rebotes en estas rondas finales y se ha erigido en el rostro de su conjunto. Si Cuban hubiera sido jugador, se habría parecido más a Ron Artest que a la mismísima estrella alemana.

Durante sus años en la Universidad de Indiana, un jovencísimo Cuban se convirtió en el primer y último estudiante en abrir un bar. La policía se lo cerró a la semana siguiente por organizar un concurso de camisetas mojadas, una práctica ilegal en el Estado. Pero ello no frenó sus ansias empresariales. Todavía en la universidad, fundó una empresa de informática cuando en 1983 los ordenadores eran una rareza. En pleno boom de Internet, en el decenio de los noventa, se le ocurrió la idea de transmitir los partidos de la Universidad de Indiana a través de la red. Su invento, broadcast.com, comenzó a crecer hasta que lo compró Yahoo por 2.000 millones de dólares. Cuando más de uno se habría retirado con una cuenta bancaria llena de ceros, Cuban se lanzó a otro negocio por entonces desconocido: la televisión digital.

Cuban, el visionario, ha destinado todos sus esfuerzos a su nuevo juguete, Dallas Mavericks. Se ha convertido en el propietario total, ya sea tomando excelentes decisiones deportivas o poniéndose en el lugar del hincha para hacer del American Airlines Center una experiencia única en la NBA.

Los tejanos presumen de que todo es más grande en su Estado. Cuban y Nowitzki les han dado una razón más para creer que, en efecto, es así.
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Notapor Demian » Jue Jun 08, 2006 1:00 am

Los Heat de Riley, Wade y Shaq enamoran.

Miami se clasifica para su primera final absoluta al imponerse a Detroit, vigente subcampeón, en el duelo de la Conferencia Este

FABRIZIO GIAMPIERI - Miami - Reportaje


Los Heat de Miami, en sus 18 años de historia, jugarán la primera final de la Liga de baloncesto norteamericana (NBA) tras vencer en el sexto y definitivo encuentro de la correspondiente a la Conferencia Este a los Pistons de Detroit, los vigentes subcampeones absolutos, por 95-78.

Al contrario de lo que ha sido habitual durante las dos últimas temporadas, Dwyane Wade no fue fundamental en la última victoria de los Heat. Hace tan solo un año, en un escenario casi idéntico -el séptimo encuentro de la final oriental, en Miami y contra los mismos Pistons-, falló en los últimos tres minutos y fue la franquicia de Michigan la que disputó el duelo supremo, ganado por los Spurs de San Antonio.

Era ya una costumbre entender que las posibilidades de los Heat pasaban por lo que hiciera Wade, uno de esos genios del baloncesto que, además, tiene la capacidad de hacer mejor a los que le rodean y de ser un excelente defensor. Sin embargo, el chico de Chicago, de 24 años, cogió la gripe fuera de la época de la enfermedad, no pegó ojo la noche anterior al partido, no abandonó el hospital hasta las cuatro de la tarde y a la ocho estaba vestido de corto para la que sería la cita más importante de su carrera.

Su presencia, que estuvo puesta en duda hasta que apareció trotando por el túnel de vestuarios del American Airlines Arena, pasará a formar parte de la mitología del deporte norteamericano como lo fue la del pívot Willis Reed, de los Knicks de Nueva York, en el séptimo lance de la final de 1970 a pesar de estar gravemente lesionado. Además, los 10 puntos que Wade anotó en el tercer cuarto, estando deshidratado y fuera de sí, solo se asemejan a la histórica actuación de Michael Jordan en el quinto de la final de 1997, en Utah, cuando con 40 grados de fiebre metió 38 puntos en 45 minutos. Del techo del pabellón de Miami cuelga la camiseta número 23 de Jordan. Pat Riley la mando poner hace seis años para que ningún jugador de los Heat pudiera vestir un número que considera sagrado. Algún día estará también colgada la del número 3.

Si la segunda parte la protagonizó Wade, la primera fue de Shaquille O'Neal, la principal figura del encuentro, la vacuna a la gripe de Wade, que alcanza su quinta final de la NBA con su tercer equipo después de que lo hiciera con los Magic de Orlando y los Lakers de Los Angeles. Shaq volvió a ser un rodillo para Ben y Rasheed Wallace, marcó el ritmo en el ataque y fue una muralla en la defensa. Al final, acabó con 28 puntos, 16 rebotes y cinco tapones.

Pero estos play-offs no sólo fueron los de Wade y Shaq. Fue un bonito homenaje a Pat Riley, el entrenador de Showtime que dirigirá su novena final con su tercer equipo. Muchos palos recibió durante la temporada regular por culpa de un experimento que podía explotarle en las narices en cualquier momento. Pero en la post, en la que era habitual ver flaquear a los Heat y en la que habían alcanzado la final de conferencia en 2005 y 1997, cuando perdieron frente a los Bulls de Jordan, un grupo de jugadores que sacrificaron dinero, su posición y el balón por conseguir un anillo dieron la razón a Riley. Si no fuera por estos veteranos, los Heat estarían en un avión camino de Detrot. Antoine Walker (11 puntos y cuatro rebotes), que vino para demostrar que podía formar parte de un equipo ganador; Gary Peyton (6 puntos), que lo intentó en Los Ángeles y está de vuelta en la final con su tercer equipo; Jason Williams (21 puntos y seis asistencias), que jugó el mejor partido del curso, y Alonzo Mourning, que un día llego a ser el jugador franquicia en Miami y que regresó a su casa cobrando el sueldo mínimo tras una grave enfermedad que le costó un trasplante de riñón para convertirse en el mejor pívot suplente de la Liga. Cuando comenzaron a surgir alternativas a Wade y Shaq, los Heat pasaron a tener demasiadas armas para el equipo contrario.

Durante la temporada regular los Heat ganaron dos partidos y perdieron 12 frente a los cuadros que terminarían como líderes de su división. En los play-offs ganaron diez de sus últimos 13 partidos, dejando en la cuneta a unos Pistons que construyeron una pequeña dinastía en la Conferencia Este. Con un quinteto que se recordará de memoria durante mucho tiempo, los Pistons fueron simplemente peores en cada aspecto del juego que el mejor conjunto que ha visto nunca la ciudad de Miami.
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Notapor Zerf » Sab Jul 15, 2006 1:44 pm

NBA
Las estrellas de la NBA se retan en las calles de Manhattan

El "streetball" regresa a las calles con la llegada del verano


Sábado, 15 de julio de 2006. 12.26 h.
AGENCIAS. Nueva York (EE UU)
El comienzo del verano marca el inicio del baloncesto callejero en Nueva York, donde la mezcla de habilidad, capacidad atlética y música 'rap' convierte a este juego en un espectáculo, más que en una competición deportiva. Tras otra temporada desastrosa del equipo local, los New York Knicks, el 'glamour' se traslada durante estos días de las gradas del Madison Square Garden al 'Rucker Park'.




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En el Harlem neoyorquino, entre la calle 155 y la octava avenida, los jugadores NBA retan a las leyendas del 'streetball' neoyorquino, con 'mates', 'alley oops' y 'driblings' imposibles que convierten el juego en una verdadera danza.
Allí acuden espectadores famosos como Denzel Washington, Alicia Keys o Bill Clinton, en tanto que otros, como los raperos P. Diddy o Jay-Z se atreven incluso a ejercer de entrenadores.

«Nunca sabes qué estrella del baloncesto o personaje famoso va a aparecer», afirmó el jugador Adrian Walton a «The New York Times».

Conocido como «Hollywood», Walton es una de las últimas estrellas de la inagotable cantera callejera neoyorquina. Ganador tres veces consecutivas del campeonato, mezcla a partes iguales juventud, calidad, fuerza y la verborrea propia de un cantante 'rap'.

«Esta es mi oportunidad de jugar contra jugadores NBA y ellos pueden decir cómo me muevo. Este campeonato me ha hecho una leyenda del 'streetball'. Si esto fuera la NBA yo sería Kobe Bryant», aseguró.

Desde el comienzo del torneo, en 1946 de la mano de Holocome Rucker, a quien el parque debe su nombre, las estrellas de la NBA aceptaron el reto de medirse a las leyendas locales sobre el cemento verde y rojo de Rucker Park.

Los reyes de la liga profesional norteamericana -Kobe Bryant, Allen Iverson o Kevin Garnett, además del «chico malo», Ron Artest- han querido seguir la senda que iniciaron los mitos Wilt Chamberlain, Julius Erving («Dr. J«) o Kareem Abdul-Jabbar en las décadas de los 60, 70 y 80.

Pero también se ha producido el recorrido inverso.

Alguno de los genios de la calle han alcanzado una fama tal que les ha permitido dar el paso a la mejor liga del mundo, como le sucedió a Julius Hodge, alias «Get it Done» (que se podría traducir como «lógralo«).

Hodge consiguió un contrato profesional con los Denver Nuggets, pero no renuncia a jugar este torneo veraniego, ya que «aquí es de dónde provengo y dónde me siento más cómodo jugando», y en los próximos día se unirá a la plantilla de los H.T.R.E..

Sin embargo, no todas estas historias tienen un final tan feliz.

La gran leyenda del «streetball» de los 70, Richard «Pee Wee» Kirkaland, que anotó una media de 70 puntos por partido durante su carrera «amateur» y consiguió 135 puntos en un partido semiprofesional, no pudo lograr su sueño de jugar en la NBA con los Chicago Bulls por un problema de drogas.

Otra de sus leyendas en activo, Fred Brown, de solo 1,79 metros de estatura, es todavía capaz, a sus 45 años, de machacar en la canasta como lo hacía hace más de dos décadas.

«Dicen que soy demasiado viejo y bajo, pero eso es lo que me da la fuerza suficiente para seguir jugando todavía con más ganas», aseguró el veterano jugador, que este año se estrenará como entrenador.

Sin duda, se trata de una espectacular raza de jugadores con igual talento para el juego que para los problemas.

Sus fanfarronerías y desafíos, o como lo denominan en su jerga, el «trash talking» (conversación basura), se convierten en la salsa a los partidos gracias a los «piques» entre jugadores.

Sólo en un ambiente así se podrían escuchar apodos tan extravagantes como «El Coleccionista de Huesos», «Homicidio», «La Roca», «El Destructor» o «Mitad Hombre, Mitad Increíble».

Por esta razón no es difícil escuchar a pie de cancha bravuconadas como las de Malloy «The Future» Nesmith, que se define a sí mismo como «el próximo Isiah Thomas».

«Soy una leyenda. Cuando tiro, driblo o hago un pase para que 'mi hombre' haga un mate, la multitud se vuelve loca», aseguró.

http://www.deportesdenavarra.com/masDeporte/actMasDep/paginaA.asp?not=2006071512261617&seccion=deportes&dia=20060715&vin=
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Notapor T-MArC » Mié Ago 23, 2006 9:31 am

No se si os acordais, pero yo recuerdo esta noticia, aquí la dieron por TV3, la verdad es que es sensacional que estas cosas pasen. :wink:


JASON McELWAIN

Héroe en tres minutos

Autista y fenómeno del basket


Durante tres años, desde que tenía 15 hasta los 17 cumplidos, fue el 'chico para todo' de los Trojans, el equipo de basket del Greece Athena High School, una modesta escuela secundaria situada en Rochester, Nueva York.

J-Mac, como le apodan en el equipo, era una pieza fundamental para sus compañeros, el motivador perfecto, siempre animoso, siempre sonriente, todo entusiasmo; llegaba el primero y se marchaba el último, cumpliendo su cometido con una sonrisa estampada en el rostro tanto si debía ayudar en los entrenamientos como si le encargaban el control de las estadísticas, del reloj o la tarea de repartir agua.

Nunca le pesó no jugar. Mientras sus compañeros sudaban la camiseta en el parquet, él se quedaba en el banco al lado del entrenador Jim Johnson para lo que pudiera necesitar; siempre puntual, siempre vestido con una camisa blanca y una corbata negra y atento a las órdenes del 'coach'. Dos eran las principales barreras que le impedían saltar a la cancha: primero, era demasiado bajo con su 1,68 m. de estatura, y segundo, padecía autismo.

Jason McElwain no comenzó a hablar hasta que tenía 5 años y aún hoy su expresión oral es limitada y carece de muchas de las denominadas 'habilidades sociales': no regula el volumen de su voz, no interpreta el lenguaje corporal y ríe a destiempo. Pero es tenaz como un bulldog.

El pasado 16 de febrero, los Trojans disputaron el último partido de la 'regular season' ante Spencerport; si ganaban, quedaban primeros de su Liga y disputarían los campeonatos regionales. El 'coach' Johnson sabía que J-Mac estaba en su último año de high school y que aquella era su última oportunidad de jugar. No lo había hecho en tres años y ni siquiera lo había pedido a pesar de que entrenaba cada día, así que quiso premiar el esfuerzo y dedicación del chico haciéndole vestir de corto.

Nervioso y entusiasmado, Jason se enfundó la camiseta con el número 52, se encasquetó una cinta blanca en su corto cabello rubio y ocupó su lugar en el banquillo. Era un premio magnífico estar allí, con los demás, uniformado y con su madre viéndole desde la grada. Permanecer todo el encuentro sentado era lo de menos.

A falta de 4 minutos para la conclusión, y con los Trojans 20 puntos arriba, el entrenador le dijo a Jason: “Ponte en pie, vas a salir a jugar”. En cuanto entró, el público rugió y aplaudió a rabiar. Todos conocían a McElwain y todos pensaban que era un chico encantador que se merecía aquella recompensa. Su primer lanzamiento, un triple, no tocó aro. El segundo, una bandeja, se quedó en el tablero. Pero en los tres minutos restantes hizo lo que nadie había hecho jamás.

A continuación clavó su primer triple, desatando la euforia entre el público y sus compañeros. Y una vez caliente fue imparable: metió otro, otro más, otro... hasta seis, cerrando su actuación con una canasta de dos puntos. Resumen: 20 puntos en tres minutos y un registro, los seis triples conseguidos, récord en la historia de su escuela. Hubo invasión de pista y Jason fue levantado a hombros. Quizá la cosa se hubiera quedado ahí, en una pequeña leyenda doméstica, de no ser porque un estudiante estaba filmándolo todo con su videocámara. Al día siguiente la CBS emitía las imágenes, luego le siguieron todas las cadenas de TV de Estados Unidos y finalmente todos los informativos del mundo se hicieron eco de su hazaña, convirtiéndole en una celebridad que Internet no ha hecho más que alimentar con el resumen en vídeo de sus tres minutos de gloria.

Hoy la casa de los McElwain es el destino predilecto de los principales estudios de Hollywood, que quieren llevar la historia del chico al celuloide: la familia baraja hasta 25 ofertas, entre ellas las de Walt Disney Company y Warner Bros. Jason ha recibido las visitas y felicitaciones de personalidades como George Bush o Magic Johnson, y los medios de comunicación se lo rifan. Pero su madre, Debbie, sabe dónde está lo realmente importante: “Yo veo el autismo como el muro de Berlín, y Jason lo ha roto. Por primera vez en su vida se ha sentido orgulloso de sí mismo y eso no tiene precio”
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