| Home > Artículos > Basket-Ficción > Las Crónicas de Wilton > Wilton VIII. Tiempos Felices | ||||||||||||||
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Al tiempo que las franquícias peor clasificadas seguían su exhaustivo programa para decidir a quién elegir en el Draft, algunas elegidas perfilaban la incorporación de un agente libre de lujo, el pívot más decisivo de la última década: Randy Wilton.
Los más de cuarenta puntos por partido que había promediado en los 29 partidos que jugó con los Pacers aún estaban en las retinas de todos los que seguían la liga. El hombre que lo había logrado estaba, por primera vez en su carrera, en situación de agente libre sin restricciones, con lo cual podría firmar con quién quisiera. Se avecinaba un gran contrato y, de todas las ofertas recibidas, Wilton se había quedado con cuatro ya de buen principio. Los Pacers partían con cierta ventaja para seguir contando con sus servicios. De todas formas, la incapacidad que Wilton veía para formar una plantilla competitiva de inmediato le echaba atrás. Al igual que los Rockets que, aún su gran amistad con Olajuwon, contaban con una plantilla liderada por Enbil Taylor en el ocaso de su carrera, y que dentro de poco no podría hacer nada ante equipos más jovenes como los Lakers, por ejemplo, que parecían ser la potencia del futuro en el oeste. Precisamente los Lakers eran, quizás, los mejor situados para hacerse con él. Era una ciudad que le gustaba, un equipo histórico con el que podría despacharse de gusto ante los Celtics, y contaba con un factor importante: Marcus Lemmeis. El mejor físico de la historia de la liga, un escolta de 2'05 que había demostrado ya en su año rookie su polivalencia en multitud de posiciones y su gran facilidad para anotar. Con él, los Lakers habían salido del ostracismo de los últimos año, llegando a las semifinales del oeste, y con el joven rookie quedando por poco segundo en la votación para el MVP.Tras el Draft llegó el julio, y se acercaba el día de tomar una decisión. Con su hermano llevando las negociaciones, todo el mundo apuntaba Los Angeles como el destino favorito para Randy, y los Lakers como candidatos a dominar la liga durante muchos años; pero hubo un giro en los acontecimientos. Los Wizards, a los que todo el mundo había descartado en la carrera para fichar al dominante pívot renovaban por el mínimo a su veterano pívot de 34 años, Herb Douglas. Con esto quedaba espacio salarial para hacerse con los servicios de otro jugador, gracias al hueco que el capitán dejaba aún en detrimento de sus honorarios y su titularidad en el equipo. Ante aquel gesto los hermanos no lo dudaron ni un instante, y Wilton dejaba verse por las oficinas de los Wizards antes incluso de poder firmar contrato. En pleno acto de celebración del cincuenta aniversario, y con unos nuevos uniformes para la ocasión en camino (que incorporaban el antiguo logo del nuevo milenio, mezclado con los colores y uniformes simplistas tradicionales), Washington veía la posibilidad de ganar el segundo anillo de su historia. 230 millones por cinco años era el precio que tenía que pagarse para ganar un anillo cincuenta años después de haberlo logrado por primera y única ocasión. Hakeem y Reggie le llamaron para felicitarle por haber tomado la decisión de jugar en casa y los Lakers salían un poco decepcionados de una negociación que creían tener resuelta. Randy llevaría el 13, que tan buenas sensaciones le había dejado el recuperarlo en su etapa en Indianapolis. Completaba una plantilla de lujo que venía de caer en la final de conferencia ante los Celtics; una final que fácilmente se repetiría en la próxima temporada. El 26 de julio fue presentado en el Eagle Complex con Scott Skiles, el General Manager, Kirk Hinrich, el entrenador y Gilbert Arenas, copropietario del equipo junto al legendario rapero P-Diddy. ![]() Kirk tenía a su disposición la mejor plantilla que se recordaba en la historia de los Wizards. Wilton (13) formaría como titular junto a Dan Hurbett (44), legendario alapívot de Atlanta, David Harrell (3), Gregory Layne (32), que venía de ser All-Star y Andy Lyndon (14), que jugaría su segunda temporada en la liga y ya se había hecho con el puesto de titular. Desde el banquillo saldría el capitan del equipo, Herb Douglas (20), cuyo compromiso con el equipo y los muchos años de servicio le valdrían la retirada del dorsal, Aroon Brown (54), Dick Mayers (35), James Porter (7) y Nick Gray (10), un base que llevaba en el equipo desde la retirada de Arenas. El pívot Lorenzo Williams (50), el alero Calvin Barrows (22) y el base Vinnie Durban (1) completaban aquella plantilla de ensueño que el entrenador de segundo año, Kirk Hinrich, tendría a su total disposición. Los Wizards serían, junto a Celtics, Spurs, Lakers y Mavericks, uno de los grandes candidatos al título; quizás el más claro. Tampoco debían descartarse Magic, Pistons y Condors, que venían de sorprender a todo el mundo el año pasado llegando a la final de conferencia aún jugar sin Wilton. Finalizadas todas las formalidades, Randy huyó del entorno un mes y medio en el Caribe, con tomar el sol y relajarse como única premisa. Su meta de aquel año era estar bien para los Play-Offs, y no le importaba si tenía que dedicar la temporada regular a ponerse en forma. ¿El único objetivo? Evitar el three-peat de los Celtics y llevar a los Wizards a su segundo título, cincuenta años después. Fueron más de cuarenta días de auténtico lujo junto a Nancy paseando por diversas islas paradisíacas. Como le había prometido, no se llevó el móbil consigo, y las únicas notícias que le llegaron desde la liga fueron por parte de algun que otro aficionado que le paraba en la playa o el hotel. Cuando volvió se encontró con un panorama muy parecido al del año anterior, excepto en una cosa: los Condors se habían reforzado con Mills, el pívot estrella de Orlando, y amenazaban con convertirse en claros candidatos al título. Los Celtics ganaban la Copa Mundial ante el Cipto Leeds y Willie Barson volvía a casa con otro MVP bajo el brazo al tiempo que la mayoría de equipos, y los Wizards no eran una excepción, empezaban los entrenamientos. El método Hinrich era duro, con objetivos claros y buscando sacar el máximo rendimiento del jugador. No era autoritario, pero tras cada buen gesto había un altísimo nivel de exigencia que todos los jugadores sabían que habían de lograr. Sus máximas eran claras: defender a tope, correr y, cuando no se pueda, movimiento constante del balón. No fue hasta el tercer entrenamiento que se permitio botar el balón una vez pasado el medio campo en los cinco contra cinco. Hasta el sexto no se planteó una defensa que difiriera de una agresiva presión toda cancha y en el octavo ya se tenía que usar otra mano para contar el número de tácticas con que contaba el equipo. Llegó la pretemporada, con un objetivo claro: no enseñar las cartas. Hinrich decidió plantear cada partido como la parte más dura de los últimos entrenamientos, trabajando nada más que tácticas con la defensa ya colocada y sin sacar jugo de todo aquello que había trabajado. Incluso Skiles, que no acababa de estar a gusto con el estilo propuesto, vio con buenos ojos este cambio que llevó al equipo a un 5-3 en los ocho partidos que jugó el equipo. Dos partidos más, saldados con victoria, tardaron los Wizards en dar todo lo que eran capaces de mostrar. Serían los Nuggets quienes serían los primeros en enfrentarse al huracán capitalino, que se hizo con el partido por 143-107. A partir de allí todo fue a pedir de boca. Los Wizards eran el equipo más alegre de la competición. Lyndon era el mejor pasador de la liga liderando los rápidos contraataques que muy a menudo terminaba el mismo Wilton, que además se animaba cada vez más a tirar de tres. Harrell y Layne aportaban muchísimo desde fuera y Hurbett se encargaba del trabajo sucio. Hinrich había construído un equipo alegre, preparado para correr y jugar sin prácticamente poner el balón en el suelo. En ataque estático tenían hasta cuatro jugadores capaces de tirar de media y larga distancia, y sus pívots eran los mejores en asistencias de todos los equipos de la liga. Casi sin quererlo, con sus compañeros apoyándole más que nunca, Wilton era el máximo anotador, reboteador y taponador de la liga; no podía evitarlo, y prueba de ello era el hecho que en ningun partido había llegado aún a los 50 puntos. Su dominio era total, como reflejaba el récord del equipo; 29-4 a finales de año y con un margen físico y de calidad que parecía dar aún para mucho más. Gente como Layne, Hurbett y Gray se encontraban en su mejor momento para hacer el asalto al título. También el capitán Douglas buscaba el premio, aún ser consciente que su presencia en cancha hacía cambiar completamente el estilo de juego del conjunto. Ni los Suns de Nash se acercaban a aquello. Hinrich había dado un giro total, construyendo el despliegue ofensivo a partir de una presión defensiva a toda pista que se alargaba durante buena parte del partido. Rotaciones constantes y piernas muy bien preparadas lograban con éxito repetir la fórmula noche tras noche. Llegaron las navidades, y con ellas el mejor regalo que podía recibir. Nancy esperaba gemelos, que nacerían seguramente a finales de junio. La boda de su hermano William, a la que asistió con permiso del equipo perdiendose el duelo ante San Diego, y aquello harían de las del 2027, las mejores navidades de su vida. Regresado a la competición, se encontró con un Eagle Complex que seguía siendo un fortín inexpugnable para todos los equipos rivales. Nadie consiguió hasta los Lakers, el 22 de enero, romper aquella histórica racha del equipo de Washington, que además rompió 26 partidos ganados de forma consecutiva. Poco antes de llegar al All-Star relajaron el ritmo, acorde con los planes del entrenador, que quería aflojar hasta que llegasen los Play-Offs. El partido de las estrellas tendría lugar en Chicago, y Wilton (Washington) sería el abanderado del este, con su entrenador sentándose en el banco. Learving (Detroit), Dewirn (Chicago), Barson (Boston) y Fox (Miami) le acompañarían en el quinteto. Bullock (New York), Stewart (Philadelphia), excompañero suyo en los 76ers, Powell (Brooklyn), Benjamin (Cleveland), Fortson (Milwaukee), Davies (New York) y Jerretts (Boston) eran los elegidos por los entrenadores para salir al partido desde el banco. Por su parte, el oeste que entrenaba Brian Show saldría con Mills (Oklahoma City), Norman (Dallas), Sanders (San Antonio), Lemmeis (Los Angeles) y Acklie (Seattle). Bass (Minnesota), Stackhouse (Phoenix), Gardner (Utah), Haykes (Golden State), Van Fyde (Oklahoma City), Taylor (Houston) y Reid (San Diego) serían los hombres a disposición del técnico de los Lakers para salir a cancha desde el banquillo.
Los Wizards lograban en casa su segundo título, el primero para la mayoría de jugadores de su plantilla, excepto Wilton, que ganaba el tercero. Con tres MVP's de las finales entraba en una categoría de la que formaban parte tan solo Larry Bird, Magic Johnson, Michael Jordan, Shaquille O'neal, Tim Duncan, Lebron James y Willie Barson; palabras mayores.Aquel año había logrado también su tercer MVP, su tercer premio al mejor defensor, el récord anotador de las finales...además, se convertía tras John Salley y Robert Horry en miembro del club de los jugadores campeones en tres equipos distintos. Mientras el Eagle Complex abría su techo desplegable para dar comienzo a la celebración de un título, después del partido, más espectacular de la historia de las finales. Solo Wilton y Skiles se fueron del pabellón, y presenciaron el espectaculo luminoso a través del retrovisor. Pasada la medianoche Randy llegaba a su mansión, con el trofeo de MVP bajo el brazo, abría la puerta y se encontraba dos bebés muy especiales durmiendo en sus cunas. Al darse cuenta de cuanto tenía, pensó en todo lo que le había ocurrido en aquella preciosa noche y echó a llorar de emoción, como no lo hacía desde el campeonato logrado con los 76ers cinco años atrás. Y en aquel instante se dio cuenta de que ya nada podía superar todo aquello...
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