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[08/03/2013] Perfil
Un innovador sin suerte
Por Carlos del Castillo @ultimatenba | @CdelCastilloM

Entre la formación y el dinero, Jeremy Tyler escogió el dinero. Una decisión que puede haberle costado su carrera.

Cuando Jeremy Tyler dejó los Estados Unidos antes de su último año de instituto para hacerse profesional en Israel, muchos lo calificaron como un pionero. Un innovador que había abierto una nueva posibilidad para los jugadores que quisieran sortear el límite de edad impuesto en la NBA y ganar dinero jugando al baloncesto.

Tres años después, muy pocos se atreverían a denominarlo así. Es cierto que Tyler intentó acceder a la NBA por un camino inexplorado, pero su experiencia demuestra que es un camino demasiado difícil como para representar una opción razonable para el resto de chicos de instituto. Tras ser cortado por los Atlanta Hawks, parece que ni siquiera fue un camino acertado para el propio Tyler.

La restricción de edad para jugar en la NBA obliga a cualquier jugador que desee presentarse al draft a cumplir (o haber cumplido) los 19 el año en el que éste se celebre. Para los jugadores americanos, esta regla supone que deben pasar al menos un año en la universidad antes de hacerse profesionales.

Profesionales, al menos, en la NBA. La regla que restringe la edad no especifica que los jugadores deban enrolarse en universidad alguna, sino simplemente que debe pasar un año desde su graduación en el instituto (real o teórica) hasta que puedan ser drafteados.

Pero hay más posibilidades para jugar baloncesto ahí fuera, ¿verdad?


Un sueño y demasiados intereses económicos

En el momento de su partida, Jeremy Tyler era considerado uno de los mejores jugadores de su edad de la nación y estaba en todas las quinielas para ocupar los primeros puestos del draft de 2011. Con algo de suerte, incluso la primera posición. ¿Qué produjo entonces su salida del sistema americano?

En el 2008, promediando 28 puntos por partido en su año junior de instituto, Tyler se había comprometido con la Universidad de Lousville, eligiéndola por encima de los ofrecimientos de UCLA y South Carolina. Tres de los mejores programas de baloncesto universitario del país.

En ese mismo año 2008, Brandon Jennings había abierto la veda del "exilio europeo" para los jóvenes prospects americanos al firmar con la Lottomatica Roma. Pero su caso tenía un matiz singular: Jennings se vio obligado a elegir entre jugar en el extranjero o en una liga menor americana, puesto que no había conseguido pasar el test de acceso a la NCAA.

Esta particularidad no importó al círculo mercantilista que rodea a los jugadores profesionales de baloncesto. Para ellos, la aventura de Jennings supuso una posibilidad de echar el guante a los jóvenes estrellas mucho antes de lo establecido por la NBA.

Podrían utilizarlos para moverlos un par de años por Europa antes de que fueran drafteados. Los agentes se lucrarían con los contratos con los equipos mientras que las marcas deportivas y los sponsors tendrían un medio de llegar fácilmente a los más jóvenes de la sociedad: jóvenes estrellas de 18 años publicitando sus productos.

Fue entonces cuando llegaron los cantos de sirena para Tyler. Su círculo más cercano se dejó seducir por ellos. Las malas lenguas dicen que su madre lo veía como la gallina de los huevos de oro y su padre tuvo incluso que despedir a su entrenador de verano por estar recibiendo dinero de un agente para coaccionar a Tyler y hacer que firmara un contrato con él.

Pero fue El Agente quien se llevó el gato al agua. Arn Tellem, vicepresidente de Wasserman Media Group, la agencia de representación más importante (Pau Gasol, Russell Westbrook, LaMarcus Aldrige, Derrick Rose, Joe Johnson, etc.) convenció tanto a Tyler como a su padre de que el chico podría marcar una nueva pauta para las estrellas de instituto y ser profesional mientras otros "malgastaban" su talento jugando gratis en la universidad.

Convencido el jugador, solo quedaba encontrar un destino para él. Es en este momento cuando Jeffrey H. Rosen entra en escena. Americano y dueño del Maccabi Haifa, Rosen acababa de adquirir los derechos de retransmisión de la liga israelí en Estados Unidos. ¿Qué mejor que ofrecerle a una joven estrella seguida nacionalmente para hacer más atractivo su producto? Un negocio muy fácil para Arn Tellem.

Con 18 años recién cumplidos, Jeremy Tyler anunció que había firmado un contrato con el Maccabi Haifa de la Super Liga israelí por 140.000 dólares, convirtiéndose en el primer jugador americano en saltarse voluntariamente el año senior de instituto y la etapa universitaria para hacerse profesional.


Bob Hill al rescate

Tan solo 3 meses después de que Jeremy Tyler aterrizara en Haifa, su carrera estaba al borde del fracaso absoluto.

Un negocio tan perfecto para algunos no podía ser bueno para otros. El Maccabi Haifa fue un cambio demasiado grande para Tyler. Cambió California por Haifa, de ser el capitán de su equipo de San Diego pasó a ser uno más entre los veteranos jugadores del Maccabi, que en vez de asignaturas como matemáticas y lengua, lo que habían tenido que superar era el servicio militar obligatorio israelí, de tres años de duración.

Avi Ashkenazi, el entrenador del equipo, no estaba acostumbrado a lidiar con los egos de jóvenes estrellas americanas. No creía que tuviera que hacerlo. Tardó un mes en expulsar de un entrenamiento a Tyler, días después de que este abandonara la cancha del equipo entre lágrimas por haber jugado solo 10 minutos en su primer partido.

El periplo de Tyler en Israel se puede resumir con el sentir de sus compañeros después de que abandonara el equipo en marzo de 2010, tras jugar una media de 7 minutos en 10 partidos: "Era tan sumamente ingenuo e inmaduro, que ni siquiera podía darse cuenta de lo ingenuo e inmaduro que era".

El jugador, aún con 18 años, regresó a San Diego. Las reglas de la NCAA prohíben que un jugador que ha sido profesional se enrole con un equipo, así que Tyler debía continuar su aventura profesional y esperar un año más para poder presentarse al draft.

Esta vez su agente pensó algo más en él al elegir equipo.

A primera vista, la siguiente parada de Tyler puede parecer tan estrambótica como la primera. El Tokio Apache de la liga profesional japonesa no parece el mejor lugar para que un joven desarrolle sus mejores habilidades, pero sirvió para que él centrara su cabeza en el juego y en el futuro que tenía por delante.

Bob Hill fue el gran responsable de ello. Al contrario que Ashkenazi, sabía perfectamente cómo se sentía Tyler y cómo domar su carácter. No en vano, Hill ha entrenado 9 años en la NBA (incluida una temporada de 62 victorias con San Antonio Spurs)y 6 años en la NCAA, al mando de los Kansas Jayhawks.

Tyler llegó a considerar a Hill como una figura paterna y sabe que le debe gran parte de su corta carrera. En 33 partidos con el Apache, Tyler promedió 15 minutos de juego, 10 puntos y 6 rebotes.


El Karma

Como había deseado hacer desde el primer día que salió de los Estados Unidos, Tyler se presentó al draft de 2011. Entonces la vida decidió devolverle parte de lo que le había arrebatado cuando lo dejó en las garras de agentes que velaron más por sus intereses que por los del joven.

Los mismos intereses mercantilistas que llevaron a su fracaso en Israel le ayudaron a tener fortuna el día del draft. Joe Lacob, flamante dueño de los Golden State Warriors, quería probar que los días de racaneo con la inversión de dinero en la franquicia habían terminado.

Para demostrarlo, desembolsó 2 millones de dólares para comprar una elección de segunda ronda a los Charlotte Bobcats y poder elegir a Tyler, que gustaba mucho al servicio de scouting del equipo.

Siguiendo con esta demostración, Lacob también compró los Dakota Wizards, equipo de la NBA Development League, con el objetivo de que funcionara como una auténtica "cantera" al más puro estilo europeo: copiaría los sistemas de los Warriors y facilitaría la adaptación tanto de los jóvenes que fueran asignados a la DL, como de los jugadores que recibieran una llamada para jugar con "los mayores".

Así pues, no se puede decir que los Warriors no tuvieran a Tyler atado en corto. Sin embargo, pese a sus enormes condiciones físicas y técnicas, ha habido algo que impidió a Tyler mejorar lo suficiente como para ganarse un hueco en la franquicia: su cabeza no está aún preparada para la alta competición.

Los mayores problemas de Tyler han estado en su capacidad de concentración, tanto en en la cancha como fuera de ella. Errores de novato, falta de entendimiento del juego, dificultad para poner en práctica los conceptos aprendidos... Estas lacras no son ni mucho menos exclusivas de Tyler, pues muchos jóvenes que llegan a la liga sufren los mismos problemas. Pero la duda asalta: ¿uno o dos años en el baloncesto universitario no le hubieran ayudado a amueblar mejor su cabeza?

En el pasado deadline, los Warriors traspasaron a Jeremy Tyler a los Atlanta Hawks para evitar caer en el impuesto de lujo. Trabajaron mucho con él durante el año y medio que duró su relación, pero el joven ha mostrado pocos signos de mejora. Después de observarlo un par de semanas, los Hawks han decidido cortarlo.


La historia de Jeremy Tyler tiene todas las pautas del clásico guión del sueño americano. Un error, una redención, un golpe de suerte... Salvo que esta aún está muy lejos de tener un final feliz.

La otrora estrella de instituto se enfrenta ahora al reto de tener que trabajar solo y sin contrato para ganarse de nuevo un puesto en un equipo. Solo podemos esperar que los 10 millones de dólares de diferencia entre el salario que recibió como segunda ronda y el de Kemba Walker, que siguió el camino establecido y salió 30 puestos más arriba en el draft (9º), no lo atormenten demasiado.




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Ficha de Jeremy Tyler Jeremy Tyler