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Hace ya mucho tiempo que los puristas del baloncesto se quejan de las nuevas generaciones de jugadores que aterrizan en la NBA. Grandes jugadores, superatletas y muy buenos tiradores algunos de ellos. Pero sin los fundamentos básicos del basket.
John Wooden, el veterano y megacarismático entrenador de UCLA, comentaba hace poco que si por él fuera se prohibiría el mate ya que los jugadores le dan demasiada importancia en lugar de dársela a otras facetas del juego. Los nuevos cracks son en general egoístas y suelen mirar más por sus estadísticas que por el bien del equipo. Al fin y al cabo el mundo gira alrededor de ellos. Ricky Davis ha protagonizado hace pocos días una jugada que da la razón a todos los críticos de las nuevas figuras. Su equipo, los Cavaliers, estaba apalizando a Utah en el mejor partido de una temporada lamentable para ellos y él estaba realizando un partidazo como atestiguan sus 28 puntos, 12 asistencias y... 9 rebotes. Y ahí está el problema, en los rebotes. 9. Ricky se dio cuenta de los números que estaba haciendo y de que sólo le faltaba un rebote para lograr el primer triple-doble de su carrera. Sin duda ya se estaba imaginando los titulares y halagos en los periódicos, su foto en la portada de nba.com... así que cogió el balón y... lo lanzó contra su canasta para capturarlo y sumar así otro rebote. TOOOOOOOOOOONNNNNNNTTTTTOOOOOOOOOOOOO. Lo único que consiguió es que el jugador de Utah DeShawn Stevenson (otro que tampoco se caracteriza por su inteligencia) cometiera sobre él una falta flagrante al pensar que el bueno de Ricky les estaba "chuleando". En conclusión: la NBA no contabilizó el rebote en sus estadísticas y la acción se convirtió en la comidilla de la jornada. Qué tonto.
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