| Home > Artículos > TJ Ford. Luchar contra el cronómetro | ||||||||||||
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Terrance Jerod Ford. Nació en Baytown, Texas (una ciudad petrolera de poco más de 65.000 habitantes en la costa estadounidense), el 24 de marzo de 1983. Sin embargo, para completar su ciclo escolar, TJ se trasladó junto a sus padres Leo y Mary a una ciudad perteneciente también al área metropolitana de Houston, Sugar Land, una próspera ciudad costera que comenzó siendo una gran plantación de azúcar en tiempos del colonialismo. Willowridge fue finalmente el instituto elegido, donde compartiría backcourt con el hoy rookie de los Clippers Daniel Ewing .
Su juego pronto comenzó a despuntar. Un extraordinario control de balón, una gran visión de juego, un líder en cancha imparable en el uno contra uno... y como elemento caracterísitco, una velocidad vertiginosa al alcance de muy pocos, que le haría merecedor de su apodo, "Roadrunner" (Correcaminos). Condiciones sobresalientes que se veían potenciadas con la presencia a su lado de Daniel, un excelente tirador. Juntos conformaban un excepcional juego exterior y los resultados no tardaron en llegar, puesto que ya en su primer año al frente del equipo logró hacerse con el campeonato estatal merced a un escalofriante récord de 36 victorias y 1 sola derrota. 10 puntos, 9 asistencias, 5 rebotes y 4 robos fueron sus promedios aquel año. Pero lo mejor estaba aún por llegar, y es que el año siguiente, además de repetir título (lograron un 39-0 de balace), su repercusión en el mundo High School aumentaría terriblemente: estaba considerado por unos como el mejor jugador de instituto del año y por otros como el mejor proyecto de base puro de la nación. Y tuvo oportunidad de demostrarlo en los All-Star de su categoría, como el All-Star McDonald's, en el que acabó con 11 puntos, 10 rebotes, 7 asistencias y 3 robos o el EA Sports Roundball Classic celebrado 2 semanas después y en el que firmó 14 puntos, 14 asistencias y 8 rebotes. Su carrera estaba lanzada, y sus 12 puntos, 9.4 asistencias y 7.8 robos de promedio lo confirmaban. Semejante repercusión le permitió optar a un gran número de universidades, pero finalmente se decantó por los Texas Longhorns, el equipo de su Estado. En casa. Se esperaban grandes cosas de él y ya en la noche de su debut aviso de su llegada: 14 asistencias ante Arizona, el que sería su récord personal durante su periplo universitario. Gracias a actuaciones como aquella (superó en 15 ocasiones las 10 asistencias) logró liderar la nación en pases de canasta, mérito suficiente para ser nombrado Freshman (Rookie) del Año en la Big 12. Pero era tan sólo el primer año. En el segundo, su repercusión fue creciendo al ritmo de su juego. A pasos agigantados. Tanto es así que logró meter a los Longhorns en la Final Four de la NCAA por primera vez desde 1947. Como no podía ser de otra forma recibió el John Wooden Award y el James Naismith Award, ambos entregados al mejor jugador de baloncesto universitario, mérito acompañado de su inclusión en el All-American Team y del reconocimiento por parte de toda la prensa especializada: aquel año, se había convertido en el mejor... con el permiso de Carmelo Anthony . El equipo en los dos años ganó el 71.6% de los partidos...y como colofón, retirada de la camiseta, convirtiendose así en el 4º jugador en la historia de la Universidad de Texas en recibir tal honor tras los jugadores de fútbol americano Earl Campbell, Ricky Williams y el jugador de béisbol, Roger Clemens. Las expectativas de cara al draft, no obstante, no eran tan alagadoras, y es que su irregular tiro en suspensión y su escaso 1'80, le restaban opciones. Finalmente, fue elegido en el puesto número 8 por los Milwaukee Bucks. De nuevo, como ya hiciera en la NCAA, se salió en el partido, rozando el triple-doble merced a 11 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias ante los Indiana Pacers. El equipo funcionaba a las mil maravillas y su rapidez se congeniaba a la perfección con jugadores como Michael Redd y Desmond Mason . Un contraataque letal que estaba sorprendiendo a los mas excépticos. Mediada la temporada, el equipo superaba las expectativas y, con 55 partidos, el balance era positivo. Todo iba tan bien... que parecía imposible estropearlo. Pero todo llega. Era un 24 de febrero. El rival aquella noche, Minnesota. El partido iba encarrilado. Ford, como siempre... hasta que llegó la jugada maldita. Finta, vertiginosa entrada a canasta y choque fortuito en el aire. La caída fue fulminante, y en seguida TJ pudo comprobar el alcance: tenía una severa contusión en la espalda que había afectado a la médula espinal, zona en la que le diagnosticaron años atrás una enfermedad degenerativa. Ahí acabó el año, pero no el sueño. Tan pronto como pudo, comenzo un duro trabajo de recuperación de la zona afectada. Iba bien, algo rápido pero seguro. Se perdió la temporada 2004-05 entera, pero eso no era lo más importante, lo prioritario era la recuperación total. Y por fin llegó la tan ansiada noticia: el 26 de junio, el especialista en cirugía espinal del correspondiente Instituto de Los Angeles, Robert Watkins, afirmaba que la recuperación era total y satisfactoria. Ahora encara la nueva temporada como si de un segundo debut se tratara. Ha recibido una nueva oportunidad y a buen seguro que se tratará del mejor refuerzo para la franquicia de Wisconsin junto con el rookie Andrew Bogut . De nuevo Milwaukee tendrá el vertiginoso ritmo de juego que le imprimía el genial base tejano. De nuevo jugarán con una sonrisa. Su sonrisa. TJ, ha vuelto. Welcome Back. |
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