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[24/05/2010] Perfil
Survivor
Por Jorge Albericio @ultimatenba

Perfil de Jason Williams. White Chocolate. Un superviviente del Baloncesto.

Jason Williams no es un tipo que caiga simpático. Tampoco se ha esforzado en tratar de serlo a lo largo de su carrera. Más bien al contrario. Ademanes chulescos, declaraciones racistas, desplantes a los periodistas, insultos a los aficionados, affaires con la marihuana. Es lo que tiene nacer en un pequeño pueblo de West Virginia, llamado Belle, del que es el único personaje oriundo famoso según la Wikipedia.

Sus detractores han tenido sin duda argumentos para desmontar cualquier atisbo de mitificación. Empezando por sus pérdidas de balón y sonoros airballs y siguiendo por su no presencia en los instantes finales de los partidos, hasta llegar a los aspectos más íntimos de una personalidad insondable. La verdad es que poco queda de aquel jovencito flaco y con flequillo que puso la NBA patas arriba la temporada 98/99. No resisten ni sus tatuajes originales, aquel dragón grabado en su brazo izquierdo y la pantera del brazo derecho, que le daban un toque canalla a su imagen de querubín. Ambos se han difuminado entre los nuevos jeroglíficos que el ciclotímico base ha ido incorporando a su blanquecina piel. A raíz de su etapa en los Grizzlies con Hubbie Brown, J’Will fue perdiendo incluso su swing a la hora de caminar, de subir el balón, de lanzar los pases a la grada. Se convirtió en la ejemplificación más fiel de lo que significa envejecer, de todas las renuncias que hay que ir asumiendo con tal de sobrevivir.

Con su nivel de encanto reducido a la mínima expresión guió a los Heat al título de campeón en 2006. J’Dub fue un complemento más en un equipo liderado por un jordanesco Dwyane Wade, y que logró uno de los triunfos más emotivos de la década con el primer anillo de Shaq sin Kobe en una nueva lección de motivación de coach Riley.

Pese a contar con una legión de seguidores que siguen admirando sus videos en youtube, Jason Williams nunca será justamente reconocido por su contribución al juego del baloncesto. El mago que convirtió el pase en un monumento a la belleza (“no importa cuántas asistencias da, sino la manera en que las reparte”) ha de ser recordado al menos por dar lugar a uno de los mejores apodos que se recuerdan en el basket, por convertir su camiseta con el dorsal 55 de los Kings en la más vendida de la NBA siendo un don-nadie, por acercar el baloncesto a los no aficionados al deporte de la canasta como diría Daimiel, por ser el base que dirigió sobre la pista los primeros años de Pau Gasol en la NBA y ser quien le brindó la asistencia para la primera canasta oficial del pívot español entre las estrellas, por representar la esencia de una época en la que el baloncesto era un juego de equipo repleto fantasía que hacía sentir a los fans que eran inmortales.

Indiferencia es un término al que no da lugar el personaje y el juego de Jason Chandler Williams, el hombre que volvió a la NBA en la temporada 2009/10 tras un año de retiro para ayudar a los Orlando Magic a llegar a la esquiva cima de la gloria que vislumbraron el año pasado. Durante la Regular Season en la que por primera vez en su carrera Chocolate Blanco ha disputado los 82 partidos, ha sido un solvente segundo base en un equipo dominante en la Conferencia Este. Cuando Jameer Nelson fue operado en su rodilla izquierda por la rotura del menisco, Williams tomó la batuta y dirigió hacia la victoria a sus chicos, asentando el crecimiento del juego de los Magic sin que se notara la ausencia del base titular.

Tras un año sabático, Jason Williams se ha reencontrado con el basket, y ya planea su continuidad en la League el próximo curso. Conoce su papel, que asume serenamente, sabedor que si de una cosa está compuesta la vida, es de pequeños destellos.



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