| Home > Artículos > Olor a sangre | ||||||||||||||
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En los últimos 6 años han pasado muchas cosas en Estados Unidos, en el mundo, en nuestras vidas, en el baloncesto, en la NBA.
El "Dream Team" ha dejado de serlo. Jordan se ha retirado. Ha vuelto. Se ha retirado de nuevo (y para siempre). Duncan ha ganado dos anillos. Y dos MVP. Han dejado la liga algunos de los 50 mejores de todos los tieimipos: Stockton, Ewing, Robinson, Olajuwon, ... Y Kobe y Shaq han ganado 3 anillos jugando juntos en los Lakers. Decía Boza Maljkovic que no le importaba que sus jugadores no se hablaran fuera de la pista, en la cancha debían ser como hermanos. Kobe y Shaq no se hablaban fuera de la cancha (y cuando lo hacían, mejor que no lo hubieran hecho). Dentro de la cancha era obvio que se necesitaban, por mucho que les doliera a sus respectivos y enormes egos (proporcionalmente, mucho mayor el de Kobe). El caso es que el tema acabó como acabó: Phil Jackson retirado, hastiado y sin superar el número de anillos de Red Auerbach; Shaquille O'Neal llegando a Miami ultramotivado y en su mejor forma en años; y Kobe sin tener que pisar la cárcel (¿alguien lo dudaba) y con los galones de "capo di tutti capi" del vestuario de los Lakers. El enorme, inmenso hueco dejado por Shaq en ese vestuario fue "llenado" por buenos jugadores: Lamar Odom, la eterna promesa; Brian Grant, un pívot todo lucha y Caron Buttler, un buen alero. Con ellos y sin Shaq los Lakers ocupan una de las últimas plazas de playoffs . Lakers y Heat se enfrentaron en el Staples el día de Navidad. Hacía 6 años que un partido de Regular Season no era tan seguido en televisión. El olor a sangre, a venganza, atrajo ante la pantalla a millones de espectadores, muchos de ellos poco interesados en el basket. Se debieron sentir decepcionados: sólo se jugó a baloncesto, se llegó a la prórroga y encima el que decidió fue un secundario en el guión, una estrella en ciernes: Dwyane Wade.
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