| Home > Artículos > Crónica > NBA FINALS 2006 > No toques a Papá | ||||||||||||||
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Miami por fin logró empatar la eliminatoria merced a un partido que Jerry Stackhouse, por segunda vez en lo que va de Finales, se encargó de romper. Y no fue como lo hiciera en el segundo partido, en base a una gran actuación desde el banquillo, sino repitiendo una acción antideportiva que nos catapultó a los Playoff de 2005: Semifinal de Conferencia entre Dallas Mavericks y Phoenix Suns, segundo partido, Joe Johnson corre al contraataque y se dispone a machacar el aro de los tejanos... pero en ese momento Stackhouse, con más cuerpo que cabeza, le golpea en pleno vuelo con el resultado del orbital de ojo roto. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero no menos cierto es que hay algunos que no tropiezan con ella, sino que la van buscando. Y quien me busca me encuentra, tuvo que pensar O'Neal, que de no ser porque ya tenía una técnica en su haber... ¡Sólo Dios sabe lo que hubiera pasado!
El partido comenzó ofreciéndonos la mejor imagen de O'Neal, sin oposición en la zona, habilitando a compañeros desmarcados para la canasta exterior fácil o la penetración. Nowitzki parecía que iba a ser el antídoto contra la zona planteada, pero resultó ser el alemán ramplón al que no nos tenía acostumbrados. Era Stackhouse el que les mantenía en el partido (La vida te da sorpresas, sooorpresas te la vida...) junto con los problemas de faltas que no tardaron en sufrir Haslem y Shaq. El acierto de Miami al comenzar el segundo acto llegó a ser tan desquiciante que el mismísimo Darrell Arsmtrong, otrora rey en tierras gallegas, hacía su debut en las Finales. Mal vamos si ahora tiene que ser el astronauta el que baje a Wade de la luna. ¡Dwyane! Mal pase a la esquina, el balón llega rodando, Wade tantea, espera la llegada de Terry, la levanta y triple in his face. ¡Qué bárbaro! que dirían. 5 puntos más del genio y figura empezarían a poner tierra de por medio. La inspiración no era sólo suya. Shaq recibe, pase de espaldas sin mirar y Shandon Anderson, elemental en este cuarto partido, anotaba fácil para poner en el marcador en la que hasta entonces era la mayor ventaja para los de Florida en la serie. 50-37. La imagen que ofrecían las dos grandes estrellas no podía ser más dispar: mientras Wade confiaba cada vez más en su tiro, Nowitzki aparecía cada vez más perdido. El tercero en discordia, Shaq, nos recordó por 3 segundos lo que fue en su día, sellando a Dampier con un extraordinario y rápido movimiento al poste bajo que finalizaría como él acostumbra. Llegó entonces la jugada del millón. Una bola subida por Josh Howard acabaría en las manos de Jason Williams, que inció un rápido contraataque. Bueno, quizá no tan rápido, si tenemos en cuenta que O'Neal llegó parejo a él. Advirtiendo la presencia del jefe, no hizo más que entregársela para que el American Airlines Center por completo se viniera abajo. Sin embargo, el orgullo fue más fuerte que Stackhouse, que se echó encima del pívot cuando éste se disponía a finalizar. Involuntaría no sería cuando mandó los 130 kilos literalmente a la grada. Jugada inconsciente, no de niño pequeño, sino de mayor descerebrado. Dick Bavetta, decadencia pura, sólo vio una flagrante de tipo 1. En cambio, pitó técnica a Walker por la tangana subsiguiente. Cosas del directo, no más. Tal fue el cabreo de O'Neal, que metió con decisión los dos tiros libres. El partido se rompió en ese mismo instante. Dallas logró encadenar una serie de buenas defensas que dejaron a Miami sin anotar durante los 3 minutos y medio finales. De la mano de Terry (tú si que sabes), el marcador se fue apretando hasta que Miami dijo basta. Defensa de hierro y ataque decidido. Posey y Walker se pusieron las botas a costa de unos Mavericks que se desquiciaron por completo ante una muralla tejida con la firme decisión de pararles. Quizá porque dolió el final de cuarto. Seguro que porque dolió lo de O'Neal. Algunos considerarían oportuno mencionar el pequeño esguince en el tobillo de Nowitzki, pero lo que no había hecho en todo el partido no lo hubiera hecho entonces. Moraleja: No toques a papá. |
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