Le llamaban
The Kid, pero llegado un punto decidió romper con ese apodo. Había dejado de ser una sombra veloz sobre el parquet que se elevaba por encima de todos hasta derrumbar la canasta. Su arsenal se había quintuplicado desde aquellos tiempos escolares en Chicago. Potenció sus músculos. Mejoró su tiro. Desarrolló cualidades de
cyborg. Pero no pudo desprenderse de ese carácter que iba unido a su mote: caprichos algo más que caros, amigos peleados porque a
KG le podía su ego. Pero jugaba tan condenadamente bien al basket... Había que romper el mercado salarial firmándole un contrato imposible.
Un equipo roto. No encontrarás razones en sus números.
Garnett es además un tío respetado. En el barrio y en los negocios. Un tío rentable. Pero su equipo sigue roto. La progresión de aquellos
T’Wolves que sucumbieron en la final del Oeste de 2004 ante Lakers se rompió por el egocentrismo de sus componentes. Que si
Spree, Cassell, ... Pero en la ciudad sólo sigue Garnett.
Cualquier día de estos los chavales darán un paso al frente y los lobos volverán a aullar. Pero hará otra vez falta que todos vayan a por la misma presa, con la lección bien aprendida, guiados por un KG veterano, maduro, superstar, que tiene que demostrar todavía algo.