Garbajosa es otro de esos talentos robados al fútbol, anécdota que adorna la biografía de tipos que poco tienen que aportar, aparentemente, al bestiario de las
estrellas del deporte. Pero el actual pívot titular de la Selección española tiene un recorrido de los que dejan surco.
Criado en un club de basket como el
TAU decidió emigrar para desarrollar todo el talento que sólo él sabía que atesoraba bajo las plantas de sus pies. No es un camino fácil el largarse a
Italia para crecer como jugador. De hecho, es el
único ejemplo de provecho. En el
Bennetton Jorge descubrió que había nacido para aportar su estilo a la historia del baloncesto moderno.
Hasta que no ves al que a partir de ahora han bautizado como
“Hor-hay Gar-ba-hosa”, no eres consciente de lo que aporta este chaval al deporte que te vuelve loco. En
Málaga acaparó toda la felicidad que la vida procura para marcharse con reservas a la desconocida
Toronto.
Garbajosa va a llegar a los Raptors con mucha educación, pero en cuanto pise el reluciente parquet de la
NBA sus músculos se empezarán a inflar y tornarse verdosos. Crecerá hasta parecer un
súper-héroe que lanza de tres como los dioses mitológicos. Luego se volverá a casa firmando autógrafos, parsimonioso, dando un paso después de otro.