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[14/08/2012] Opinión
La "Dwightmare" acaba y nos deja una verdad
Por Pablo González Barrero @ultimatenba | @gbarrerop

Reflexión sobre las circunstancias y consecuencias para los Magic debido al inevitable traspaso de su jugador franquicia: Dwight Howard

Muchas eran las personas hastiadas acerca todo lo que rodeaba a la figura de un Dwight Howard que ha sido el centro de toda rumorología desde que ya la pasada campaña decidiese que este mismo verano podría ser agente libre tras decidir no ejercer su último año de contrato. Desde ese momento, la rumorología se disparó y el nombre del jugador franquicia de los Orlando Magic se vio unido al de Deron Williams y los ya Brooklyn Nets.

Pero los Magic no estaban decididos en traspasar al jugador y desde el principio presionaron a Howard con diferentes “triquiñuelas” para que finalmente firmase su último año y así darles más margen de maniobra, porque estaba claro que el jugador saldría de los Magic, y por la puerta de atrás.

Como el otrora #1 del Draft 2004 no quería quedar mal con la franquicia y sus aficionados terminó firmando ese año más, en marzo de 2012, aplazando su entrada en la agencia libre hasta el verano del 2013. Los Magic empezaron ahí una renovación en su front office para satisfacer al jugador pero ninguno de esos movimientos funcionó y desde el principio del mercado de verano el jugador siguió demandando el traspaso.

Los Magic buscaban deshacerse de la gran inestabilidad que les suponía tener a su jugador franquicia descontento. De hecho, tan insostenible era la situación que estando de baja a finales del pasado curso casi llega a las manos en un entrenamiento con su compañero Jameer Nelson.

Por fin, el pasado viernes, la “Dwightmare” llegó a su fin, dejando en minucias el “Melodrama” y “The Decision”.

A cambio de Howard, la franquicia afincada en Orlando no ha obtenido ni siquiera el segundo o tercer mejor jugador del múltiple traspaso y el honor de ser el mejor jugador que llegue a cambio se lo ha llevado Arron Afflalo a quien acompañarán Al Harrington, Nikola Vucevic, Moe Harkless, Josh McRoberts y Christian Eyenga además de consideraciones en futuros drafts. Es decir, se podría decir que lo mejor que han obtenido es espacio salarial, pero ni siquiera en ese punto estaríamos siendo honestos ya que no es así. Tan cierto es que bajan del lujo como que no tendrán espacio salarial para ser jugadores en la próxima off season. Luego la estrategia es clara, construir en base al draft y esperar hasta el verano del 2014 para poder convencer a jugadores de primer nivel de que los Magic vuelven a ser una franquicia atractiva.

La misión es complicada, y sólo a través del draft podrán conseguirlo.

Pero este traspaso puede ser sintomático de la disfuncionalidad de la franquicia Magic ya que no fue el General Manager, Rob Hennigan, quien orquestó el movimiento, sino que fue el presidente, Alex Martins, quien tomó las riendas y, dicho sea de paso, de los dos, el que menos idea de baloncesto tiene. Al poco tiempo, Stan Van Gundy cargaba contra su exfranquicia exponiendo que la front office era la culpable de toda la situación.

Pero ya es tarde para lamentaciones y los Magic deben pensar en un futuro que no se presenta muy halagüeño. Seguramente –de manera injusta– se le exigirán responsabilidades a Rob Hennigan quien, posiblemente, “haya realizado” el movimiento más importante de toda su carrera lastrándole allá dónde vaya mencionando una y otra vez las posibilidades más atractivas que pudo haber completado.

Por otra parte, han sido los Lakers y los Sixers quienes han conseguido mejores resultados con este traspaso. A buen seguro que muchos se preguntarán la utilidad de un lockout que ha dejado todo igual. A primera vista podría ser así, pero analizando la situación para los Lakers este movimiento no es sostenible a medio plazo y una vez entre el nuevo lujo Mitch Kupchack deberá realizar malabares para cuadrar las cuentas, poniéndose de manifiesto que el verdadero problema interno de la NBA no es el convenio con los jugadores sino el reparto de beneficios entre los propietarios ya que el contrato televisivo de los Lakers les ofrece esa seguridad de poder asumir enormes salarios. Pero lejos de entrar en temas salariales querría exponer un típico refrán que describe a la perfección la situación: quien no arriesga no gana.

Tanto Dwight Howard como Andrew Bynum no han dado ningún tipo de garantía a sus nuevas franquicias de que vayan a renovar más allá de la próxima temporada (por no hablar de que Howard estará en el dique seco cuando la temporada comience debido a la recuperación ¿completa? de su lesión de espalda del pasado abril) y esa posibilidad es un riesgo muy alto que debe ser considerado y en el caso de los Sixers podría convertirlos en el hazmerreír de la liga.

En una situación parecida a la de los Magic este año estaban los Nuggets no hace tanto y consiguieron un trato muy beneficioso para ellos cuando la situación estaba cantada de cómo iba a finalizar. Y en ese caso, al igual que en los Magic esta vez, dentro de la franquicia Knick –la otra parte del traspaso que dio con Carmelo en NY– se pasó por encima de la autoridad de su entonces General Manager, Donnie Walsh.

Por todo esto, una dirección creativa y bien estructurada de una franquicia es fundamental para el buen funcionamiento del mismo modo que un entrenador se podría equiparar al impacto que tiene el cuarto o quinto mejor jugador de la plantilla. Ésas son las grandes diferencias entre unas franquicias y otras: la gestión y la capacidad de asumir riesgos y no el tamaño de mercado que ocupan que, aunque ayude, no es definitivo y, en todo caso, la solución está en la mano de los propietarios.

 




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