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[10/03/2013] Perfil
Kobe, el eterno heredero
Por Albert Molinari @ultimatenba | @AlbertMolinari

Lleva 17 temporadas en la liga y en cada una de ellas ha sido tema de conversación, acaparando focos y portadas, pero aún se resiste a dejarlos atrás

Cansado, abatido, frustrado. Con el rostro de un hombre caído en combate, con la mirada perdida. Así estaba Kobe Bryant tras perder ante los Thunder hace unos días. Jugó mermado por una lesión en el codo izquierdo, y aún así lo dejó todo en la cancha. Como siempre. Nunca se rinde. Él solito está haciendo que los Lakers sueñen realmente con los play-offs, pero esa noche fue un señal clara y lúcida para sus compañeros –y rivales-: antes muerto que tirar la toalla, pero solo no podré hacerlo todas las noches.

Desde el All-Star promedia 32 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias con un 54% en tiros de campo. Números de MVP. Pero aún así los angelinos sufren cada noche, cada minuto, cada balón para poder ir sumando triunfos y entrar en el selecto grupo de los ocho elegidos para post temporada. Su rictus es el de un guerrero, un samurái que no descansará hasta obtener su objetivo alcanzado. No sabemos cuánto tiempo aguantará este ritmo, por lo que Howard y Nash ya pueden ir espabilando y rezando para que Pau Gasol llegue perfecto a principios de abril para no irse de vacaciones antes de tiempo.

Desde que llegó a la NBA, Kobe ha acaparado flashes, focos, portadas, premios y anillos. Directo del instituto, una jugada maestra de Jerry West lo envió a Los Angeles en lugar de Vlade Divac en el draft de 1996. El heredero de Michael Jordan (menudo marrón para cualquier jugador) se ha empeñado cada minuto de su vida en demostrar que puede ser igual de bueno y decisivo que Air Jordan.  Pero ese es uno de las cruces que le han acompañado durante 17 largas temporadas: ser un clon del mejor de todos los tiempos. Sus gestos, su forma educada de atender a los medios, su rol en la selección USA, sus físicos similares –aunque con ciertas diferencias-, su forma de entender el baloncesto.  Kobe deber ser La Mamba Negra, dejarse de ser como el logo de un famosísimo anuncio de los 90 de Gatorade (Be like Mike, “Quiero ser como Mike”) y de una vez por todas demostrar al mundo que en la NBA hay dos enormes e irrepetibles jugadores: Kobe y Jordan.

Ha jugado infinidad de noches con lesiones en los dedos, la espalda, los codos, los pies. Un sinfín de martirios que no le han impedido disputar 7 finales donde nos ha regalado momentos que perdurarán en la retina de millones de personas.  Y es que eso es algo que debe tenerse muy en cuenta. Siete finales es una cifra astronómica, sólo al alcance de los Celtics de la época de Bill Russell o los Lakers del Showtime de los 80. Por lo tanto, la carrera de KB24 (o KB8) es digna de ser mencionada por sí sola. De estas 7 finales, 5 anillos, uno por dedo. Si bien es cierto que los 3 primeros son con Shaq en pleno apogeo y con Bryant como escudero, los siguientes son con el hijo de JellyBean Bryant como líder absoluto de la franquicia. Ningún jugador gana un campeonato solo. Ninguno. Jordan tuvo a Pippen, Kareem a Robertson y Magic, Bird  a McHale, Duncan a Parker, LeBron  a Wade, Dr J. a Mo Malone, Hakeem  a Drexler y Shaq… a Kobe.

The Black Mamba sabe que tiene a DH12 como (teórico) apoyo principal, pero realmente lo que quiere es que Pau esté sano y a su lado en la batalla final. “Es como mi hermano, de verdad” nos contaba en el pasado mes de julio a los presentes en el entrenamiento del partido España-USA disputado antes de los JJOO de Londres.  “Sin él no hubiéramos ganado dos anillos, es un hecho. Es uno de los mejores hombres altos de la NBA y lo demuestra noche tras noche. No quiero que se vaya”  proseguía ante la atenta mirada de decenas de periodistas y fotógrafos allí congregados. Kobe a veces motiva a los compañeros al estilo Bird, es decir, rajando de ellos en público para que se piquen y den lo mejor de sí. *(Una vez Bird criticó a McHale por quedarse con 56 puntos y no ir a por los 60. Le dijo que debía buscar los 60, pues él –Larry- los superaría en cuanto pudiera). Ha atizado a Howard, Pau, Jamison e incluso a los entrenadores. Todo sea por tenerlos enchufados en el momento oportuno y el lugar adecuado.

Pero es un jugador agresivo. Con su juego ofensivo, buscando el aro siempre –a veces con demasiada obsesión-, usando el trash talking (que se lo pregunten a Ibaka recientemente), y su juego defensivo, aplaudido por muchos y que le hace ser un jugador que nada fácil de batir. Él mismo reconoce que vive permanentemente en modo cabreado. Hay un dato que rompe con su carrera y que debe ser un faro de luz para estos Lakers. Esta temporada reparte más asistencias que nunca (ha superado la decena en varios partidos),  pero es un arma de doble filo: si ve que no funciona, asumirá más balones, y eso suele ser señal de problemas para los angelinos, sobretodo en post temporada.

Actualmente lucha por mantenerse al nivel de LeBron y Durant, compañeros en el USA Team y reyes de la NBA en los dos últimos años. Sabe que el tiempo está en su contra, por lo que debe apretar más los dientes que antes. Su físico es un prodigio de la naturaleza, pero empieza a padecer los síntomas –normales en todo caso- de un jugador que ha jugado más de 1200 partidos en su carrera con 36 min por noche. Puede que sea la última oportunidad para él de ser el líder de un equipo campeón. Con 34 velas sopladas, no hay demasiado margen. Otra cosa seria que cediese balones y minutos para ocupar un lugar un peldaño por debajo, pero creo que antes de hacer eso se retirará. Un príncipe no está hecho para comer con platos de plástico.

En su foro interno cree que muchos de los jugadores de su equipo no están implicados, que no desean el anillo, que no creen en el ‘nosotros’. Sin Phil Jackson, debe ser él el que les guie, el que les diga “yes, we can”. Hay potencial, hay veteranía, pero no sabemos si realmente hay deseo. Kobe sabe que sin el hambre que tienen los Heat, Spurs, Thunder o Clippers esta temporada no hay nada que hacer tras una (hipotética) primera ronda. 

Debe dejar de ser el eterno heredero al trono de Jordan para buscar dentro de sí la versión 3.0 de la Mamba Negra. Ahora o nunca. Su luz brilla como pocas en la constelación de la NBA, y me resisto a pensar que esta reciente luminosidad es el fin de la estrella que ha encandilado a toda una generación de seguidores a lo largo y ancho de los siete mares. Por el bien de los Lakers, la NBA y el baloncesto; Kobe, please, one more time!!




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