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[14/05/2012] Perfil
Kevin Garnett y Tim Duncan: Dos caras de la misma moneda
Por Albert Molinari @ultimatenba | @AlbertMolinari

“No pienses lo que América puede hacer por ti, sino piensa lo que tú puedes hacer por América” John Fitzerald Kennedy.

Esta mítica frase puede definir las carreras de dos de los mejores ala-pívots de la historia de la NBA. Ambos jugadores han antepuesto siempre el trabajo en equipo a sus logros individuales, que han terminado llegando por la indiscutible calidad que atesoran. En la fase final de sus carreras siguen dado el do de pecho y han llevado a sus equipos a la segunda ronda (de momento) de los playoffs.

Pero hay que reconocer que no se parecen en casi nada. Uno es visceral, el otro frío como el hielo. Uno es brabucón, chulesco;  el otro casi no habla con los medios ni cambia su rictus. Uno saltó directamente desde el instituto, el otro cumplió todo el ciclo universitario. Pero ambos son ganadores natos. Eso lo llevan en los genes, y casualmente, ambos son nacidos en 1976 y de signo Tauro.

 

Kevin Garnett está a las puertas de soplar su 36ª vela de cumpleaños (el próximo 19 de mayo). Tras 17 temporadas en la NBA, creo que se ha dicho todo de él. Su llegada a la Liga vino precedida de una gran campaña mediática desde su etapa en high school (caso bastante parecido al de LeBron James). Sus impresionantes números en el Farragut Academy de Chicago bien valían tanto revuelo. Firmó 25.2 puntos, 17.9 rebotes, 6.7 asistencias y 6.5 tapones en su último año de instituto. Estratosférico.

Con un cuerpo de 2.11 metros y 100 kg escasos, era elegido con el número 5 en el draft de 1995. Los Minnesota Timberwolves sería su guarida. Tardó un par de años en explotar, al mismo tiempo que ganaba 7/8 kg de peso y musculatura. Se rumorea que no dejaba que le midiesen con exactitud, por miedo a que creciera hasta los 7 pies (213 cm) y eso le hiciese jugar de pívot. Con su delgada figura no se veía contra rivales de 15 u 20 kg más. Por suerte, su talento le permitió jugar alejado del aro. En los Wolves lideró a un grupo joven y potente, y junto con Sam Cassell y Latrell Sprewell llegó a las Finales de Conferencia en 2004. Ese fue su techo en Minnesota.

Su apodo de The Big Ticket (La Gran Entrada) se debe al mega contrato que firmó en verano de 1998 (justo al finalizar su primer contrato como rookie). KG ya era el líder del equipo y sus promedios de 18.5 puntos, 9.6 rebotes y 4.2 asistencias sirvieron como reclamo para su renovación. Los 126 millones por 6 temporadas era una cifra escandalosamente alta y que puso las manos a la cabeza a más de un general manager. Pero las esperanzas de la franquicia estaban dipositadas en él. Luego vinieron un MVP (2003/04), un MVP del All-Star (2003) y 4 trofeos de máximo reboteador (’04-‘05-‘06-’07), entre otros logros.  Salió de Minny en 2007.

Su actual equipo, los Boston Celtics, le dieron lo que más anhelaba: el anillo. Dos Finales jugadas y un anillo en su haber. Lo ha demostrado todo, lo ha ganado todo. Esta temporada ha jugado muchos minutos de pívot, eso que tanto le horrorizaba de joven. Y lo ha bordado.

Exhibiciones como las del sexto partido ante los Hawks bien valen un reconocimiento. Ya fue nombrado Mejor Defensor en 2007/08, y con los años no ha bajado la guardia en los partidos importantes. Su tiro desde 5 metros, su velocidad en los cortes, su facilidad para asistir y su hambre de rebote son señas de su juego. Energía pura, un pura sangre desbocado que en muchas ocasiones le ha costado una reprimenda por parte de rivales o de la propia NBA. Tildado de jugador sucio (varios encontronazos con rivales, la mayoría de raza blanca o hispana), se ha visto envuelto a veces en situaciones más bien comprometidas (ver las últimas declaraciones que ha hecho). Pero me quedo con su carácter ganador: hacer lo que haga falta para que tu equipo gane. Lo que sea. Y lo ha cumplido a rajatabla siempre.

 

La otra cara de la moneda es Tim Duncan.

El de las Islas Vírgenes es el paradigma de la vieja escuela. Físico ideal para el baloncesto (2.11, 118 kg), su tiro a tabla, sus movimientos en el poste, ese medio gancho y las fintas son su tarjeta de presentación. Parece sacado de un equipo de los 70. De ahí sale su nick: The Big Fundamental  (Grandes Fundamentos).

Toda la vida en los San Antonio Spurs desde su elección como nº 1 del draft de 1997. Un caso raro de fidelidad a la universidad (licenciado en  Psicología), donde cursó los cuatro años en Wake Forest. Indiscutible era su elección como nº 1 tras sus promedios de 20.8 puntos, 14.7 rebotes y 3.3 tapones. Infinidad de galardones los que se llevó defendiendo los colores de los Demon Deacons.

Tildado en sus primeros años en la Liga de “frío”, se encargó pronto de demostrar que la sobriedad no está reñida con el éxito. Dos títulos (1999 y 2003) lo colocaban en un lugar privilegiado en la élite de la NBA. Añadió entre medias dos galardones de MVP (‘02,’03) y uno de MVP All-Star (2000). Se complementaba a las mil maravillas con David Robinson (famosas Torres Gemelas 2.0) y enseñó el camino del éxito a sus lugartenientes actuales, Tony Parker y Manu Ginobili, con los que logró dos anillos más (’05 y ’07).  En sus primeros años en la NBA incluso llegó a jugar de falso alero en el conocido triple-poste de Gregg Popovich. La idea era sacar a tres jugadores altos (todos por encima de los 2.10) para cerrar el rebote y sacar ventaja del juego en la pintura de los 2x1.

Una vez comentó que no hacia pesas desde que entró en la universidad, que se mantenía en forma a base de nadar, hacer footing y tirar a canasta. Impasible, concentrado, sereno.

Siempre he visto a TD como un chico que sabe muy bien todo lo que quiere y sobretodo, cómo lo quiere. El fin de ciclo que vienen pronosticando los expertos desde hace 3 temporadas parece que no termina de llegar. La temporada pasada los Spurs también obtuvieron el mejor record de la conferencia Oeste, pero cayeron en primera ronda a manos de los Memphis Grizzlies. Era un mazazo en las esperanzas de los texanos y el We Belive 2.0.

Este año se le ha notado muy fuerte, he incluso más rápido que hace un par de años. Está al nivel de 2007, cuando los Spurs ganaron su 4º anillo ante los Cavs de LeBron James. Con los 36 recién cumplidos (25 de abril) lo ha vuelto a conseguir. Otra vez han obtenido el  mejor balance del Oeste, pero esta vez han sido ellos los que han barrido a los Utah Jazz y esperan rival en semifinales de conferencia. Sigue dominando la pintura sin perder ese tiro a media distancia y sobre todo, la inteligencia en la cancha que tanto le ha caracterizado.

Tan diferentes y al mismo tiempo tan iguales. Se les daba por acabados y están firmando una temporada excelente –contando la edad que atesoran ambos-. Siguen siendo referencias en el juego interior de sus equipos, y líderes dentro y fuera de las canchas. Ambos serán Hall of Famers  cuando se retiren. Han marcado una época, regalando a los aficionados casi dos décadas a un altísimo nivel.

Espero que aún les queden fuerzas para otra temporada, y que tengan guardado algún truco en la manga.    




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