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[11/12/2014] Contracrónica NBA
Game Crasher: Los Angeles Lakers - Sacramento Kings
Por Oleguer Homs @ultimatenba | @OleguerHoms

Segunda visita de UltimateNBA en el Staples Center, esta vez para ver como Kobe Bryant se acercaba aún más a la tercer mejor marca de anotación de la historia ostentada por Michael Jordan y los Lakers doblegaban a los Sacramento Kings para sumar su sexta victoria esta temporada (98-95).

Después de que el pasado 15 de noviembre los Clippers me acreditaran al partido que les enfrentó a los Suns, llega por fin mi ansiado debut en el Staples cubriendo el partido de los Lakers. Aunque a día de hoy el que siempre ha sido el segundo equipo de la ciudad sea el que ofrece más espectáculo y garantías de victoria, no hay muchos eventos en el mundo del deporte que puedan compararse a ver jugar en directo a los Lakers. La leyenda púrpura y oro tiñe cada rincón del pabellón: desde los dorsales retirados a los que quizás algún día se una Pau Gasol, a las dieciséis estrellas dibujadas alrededor del logo en el centro de la pista, todo está diseñado para recordarte que estás viendo en vivo una institución mundial.

Por si los ingredientes por los que cualquiera puede sentirse atraído a ver a los Lakers fueran pocos, en mí caso se suma el hecho que, desde el primer día que empecé a seguir NBA, Kobe Bryant ha sido mi jugador favorito. La primera camiseta que tuve y que no vendería por nada del mundo, el jugador a quién animaba en el All-Star del 98 a ganar su duelo individual contra Michael Jordan, mi favorito del dúo O’Neal-Kobe que sumó “sólo” tres títulos... Creo que he dedicado más horas de mi vida a visionar una y otra vez el partido en el que anotó 81 puntos ante Toronto que a mirarme en el espejo. Kobe Bryant es dios, y no hay contraargumento; quién piense lo contrario simplemente está equivocado.

Quién como yo cree que es dios acudía al partido con la idea absurda de que Kobe añadiría 63 puntos a su total de 32.230 para superar los 32.292 de Michael Jordan. Pocos jugadores en la historia han derribado tantos muros imposibles como Kobe, ¿por qué no iba a lograrlo en la noche que yo estaba allí para verlo.

15:51: Imprimo una carta que incluye mi nombre y el logo de la NBA y subo hasta Hollywood Boulevard a buscar el metro que me va a llevar a Downtown. En el paseo de las estrellas nuevos obstáculos a sortear se suman al ya habitual caos de turistas mirando al suelo y gente vistiendo un disfraz sin limpiar. Y es que aquella misma noche Los Angeles se convertiría en La Comarca para el estreno del último capítulo de The Hobbit. En ningún otro sitio del mundo alguien tendría el dilema de tener que elegir entre ver a Peter Jackson o a Kobe Bryant en una misma noche.

16:35: Llego bastante antes de que el Staples abra sus puertas para nadie, ni siquiera empleados. Tomo un café en el Starbucks para que Howard Schultz pueda redimir su alma devolviendo una franquicia de la NBA a Seattle y me pregunto quién tuvo la brillante idea de improvisar una pista de hielo navideña en Nokia Plaza, justo enfrente del Staples y bajo el sol sin piedad que nunca deja de brillar en Los Angeles. A falta de seguro médico serio en tierras americanas decido no animarme a patinar.

17:03: La reproducción a escala real del quinteto inicial Laker que preside la entrada para el público del Staples Center da escalofríos. Quién les ha visto siempre en lo más alto no puede evitar temblar al ver a Kobe compartir protagonismo y sonrisas junto a Jeremy Lin, Nick Young, Carlos Boozer y Jordan Hill. Insuficientes compañeros de viaje si el objetivo es sumar el sexto anillo en una cuenta particular a la vez que el decimoséptimo en la laureada historia púrpura y oro.

17:11: Llega el amigo @GonzaloESPN y entramos en la Chick Hearn Media Room. Mucha gente está comiendo antes de la rueda de prensa de los entrenadores, pero el catering puede esperar. Conocido ya al dedillo el entramado de pasillos alrededor de la pista piso el parqué para ver a Robert Sacre entrenando movimientos al poste con el asistente Mark Madsen, miembro honorífico del Agita Toallas Hall of Fame. Por parte de los Kings, Reggie Evans practica tiros libres y Ben McLemore está estirando. Los jugadores, como el pabellón aún vació, recién empiezan la puesta a punto.

17:29: El único periodista en pista vuelve a la Media Room a disfrutar del mismo menú que hubo en el partido de los Clippers. Hablo con otros compatriotas de medios americanos y abuso sin piedad del helado de chocolate con fragmentos de Oreo. Mi primera de muchas cenas termina justo a tiempo para ir a escuchar las declaraciones pre partido de los técnicos: Byron Scott y Mike Malone.

 

17:58: Si en los Lakers se pagan multas para la cena de navidad en el Chateau Mormont, Byron Scott tendrá que pasar por caja. Un cuarto de hora hemos estado esperando a que el técnico Laker acudiera a la rueda de prensa. El tráfico de Los Angeles no tiene piedad con nadie, ni siquiera con la multitud de estrellas que viven en ella. Una vez delante de los micrófonos, Byron resta importancia a las declaraciones de Magic Johnson sobre que los Lakers deberían perder todos los partidos para aspirar a un número alto en el Draft y asume como responsabilidad propia el convencer a los jugadores de seguir compitiendo por un puesto de Play-Offs en el infernal oeste. También destaca con indisimulado alivio la baja de DeMarcus Cousins, 20 puntos y 10 rebotes por noche menos de los que preocuparse.

 

18:22: Al llegar tarde Byron Scott nos perdemos la rueda de prensa de Mike Malone. A los periodistas nos conceden ahora media hora para entrar en los vestuarios y ver qué se cuece en su interior antes del partido. Nick Young y su eterna sonrisa iluminan un espacio en que destaca, por completamente vacía, la taquilla de Steve Nash. Julius Randle entra con una muleta aún más gigantesca que él y se sienta enfrente de la taquilla que en su momento perteneció a Pau Gasol. Toda mi atención, por supuesto, recae en el espacio donde Kobe Bryant lleva cerca de dos décadas vistiéndose de corto antes de salir a cancha. Como ya hicieron Derrick Rose, LeBron James y Kyrie Irving antes, Bryant y el resto de la plantilla homenajearán a Eric Garner con las camisetas de calentamiento; “I can’t breathe”.

 

18:41: No pasa realmente nada interesante en el vestuario, con lo cual vuelvo a la cancha a hacerme la foto de rigor y a ver como las gradas se van llenando poco a poco. Soy consciente que ha llegado la hora en qué en el partido de los Clippers me echaron de la pista, con lo cuál intento no hacerme notar demasiado y alargar cada uno de los minutos de la cuenta atrás a la que me enfrento.

19:09: Mis tácticas ninja de disimulo funcionan y sigo en pista para ver como la plantilla angelina al completo sale por el túnel de vestuarios y desfila a mi lado para calentar. Kobe Bryant falla en su primera entrada a canasta, premonición de lo que vendría en una primera mitad para olvidar por su parte. Soy yo y no los agentes de seguridad a empujones quién decide el momento de irse arriba del Staples a ver el partido, desde el puesto que me han asignado los Lakers.

19:23: Dejo el buffet de ensaladas para quién haya nacido y crecido con la dieta americana; mi segunda cena consistirá en un hot dog, Fritos y Coca Cola. Entro en el ascensor que lleva al techo del pabellón procurando no mancharme de kétchup y allí está, mi nombre y el de UltimateNBA en el compartimiento número 5. Tal como me siento tengo que levantarme para disfrutar de un momento del que por más partidos que vea nunca voy a cansarme: el himno americano, interpretado en esta ocasión por la American Idol Kassandra Castaneda.

 

19:28: El patriotismo deja paso a la presentación de los jugadores. No noto mucha diferencia entre las reacciones que despiertan los integrantes del quinteto titular de Sacramento con cualquier Laker no llamado Kobe Bryant. Al llegar la presentación del mejor escolta de la historia de la liga no llamado Michael Jordan el Staples se viene abajo. Nadie nunca ha despertado tanto amor y odio por partes iguales como quién se bautizó a si mismo como The Black Mamba. Tan temido como detestado en buena parte de la geografía americana, pocos como Kobe reciben de su propia afición el trato que le dispensa el Staples.

1er cuarto: En ausencia de DeMarcus Cousins, Rudy Gay y Darren Collison asumen la responsabilidad ofensiva de su equipo. Kobe es consciente de que el tercer puesto de Michael Jordan está a tiro, pero firmar un 3/10 en el primer cuarto no es una buena forma de materializar lo imposible. Aún el desacierto general por parte angelina, un espectacular 3+1 tras crossover de un jugón en toda regla como Nick Young mantiene a los Lakers a tiro (24-29).

 

2º cuarto: Byron Scott le da descanso a Kobe y los Lakers remontan la leve diferencia gracias a la aportación del banquillo. A excepción de Jeremy Lin, que tuvo una noche aciaga, los recambios cumplen, especialmente un Nick Young que se mantiene en estado de gracia hasta que se lo cree en exceso. Vuelven Gay y Collison, lo que precipita el retorno de Kobe. La defensa de Ben McLemore mantiene al astro laker desacertado, frustrándole hasta tal punto que Bryant comete una falta violenta sobre él. Reggie Evans domina los tableros a placer y el equipo de la capital de California llega al descanso con una cómoda ventaja (46-55).

 

Descanso: Es curiosa la diferencia entre lo rápido que pasa el tiempo cuando ves NBA en casa o cuando lo vives en directo. Solo esperando el ascensor ya pierdo entre dos y tres de los solo quince minutos que tengo para pasear por la pista y tratar de ver a Jack Nicholson. Para desgracia mía y de la mascota no oficial de la franquicia angelina, los tiempos no podrían ser peores. Kobe suma en sus piernas una década más que el coloso que arrastró a los Play-Offs un equipo con lastres del tamaño de Kwame Brown o Smush Parker. Nicholson está en casa y el único famoso a quién diviso en la primera fila es a Tyrese Gibson. Inspeccionada la zona VIP voy a comer un poco más; no lo llamaría una cena, así que la tercera tendría que esperar hasta que volviera a casa.

 

3º cuarto: Kobe empieza mordiendo pero se enfría; los Kings se van hasta doce puntos arriba. Llega entonces, finalmente, el momento que todos los que conocemos de qué es capaz el instinto asesino y venenoso de la Mamba estamos esperando. Un 2+1 pisando la línea de tres inaugura una racha de diez puntos consecutivos cerrados por un triple tras robo de balón. Los Lakers están ahora a solo dos puntos y Kobe necesita 40 más para dejar atrás a Jordan y la tercera mejor marca histórica. A pesar de la aparición fugaz de Swaggy P, Sacramento se mantiene por delante. Un Collison providencial anota la espectacular canasta que cierra el cuarto: 78-81, todo por decidirse en el período decisivo.

 

4º cuarto: Con los suplentes en pista, los Lakers caen otra vez siete puntos por debajo (81-88). Cuando cinco minutos más tarde vuelve Bryant, son sus asistencias y no su anotación lo que acerca de nuevo a los locales. Sacramento, aún así, mantiene la ventaja momentáneamente, ni más ni menos que hasta que un mate en contraataque y posterior triple de Kobe dicen basta. A partir de este momento no habrá punto de los Lakers que no sea consecuencia de una asistencia o tiro por parte de Bryant, que en el tramo final ejerce una suerte de mezcla entre playmaker y quarterback. Con la muñeca de Gay fría como no lo había estado en toda la noche, Collison perdonando desde la línea de tiros libres y Stauskas fallando el triple que hubiera podido llevar el partido a la prórroga, Kobe y sus 32 puntos se alzan con la victoria (98-95).

 

22:04: Ninguna de las Laker Girls con quién me cruzo me saluda de camino a la cola que hay formada enfrente del vestuario local. Periodistas que seguramente llevan cubriendo a Kobe Bryant desde que Jerry West tuvo el buen ojo de sacarlo de Charlotte y atarlo para la franquicia angelina parecen tan emocionados como yo con la perspectiva de entrevistarle.

 

22:16: Si lo bueno se hace esperar, el mejor talento individual de la historia del baloncesto no iba a ser menos. Pasa el tiempo y cualquiera diría que Kobe se ha dado a la fuga; Boozer, Young o Lin son algunos de los jugadores con quién los periodistas se distraen mientras Robert Sacre bromea anunciando que no va a conceder entrevistas. Lin no ha hecho un buen partido, bajo rendimiento quizás motivado por haber perdido la titularidad en beneficio de Ronnie Price. Lo mismo le ha pasado a Boozer que, a pesar de la lesión de Julius Randle, es ahora suplente de Ed Davis.

22:35: Vestido con un chándal gris, Kobe Bryant entra en el vestuario. Enseguida se forma un ruedo claustrofóbico de periodistas alrededor, a pesar del cuál logro situar mi teléfono móvil a escaso medio metro de mi ídolo. Kobe habla con un tono de voz tan bajo que es imposible discernir nada de lo que dice. Al cabo de un rato cambio de sitio justo a tiempo para escuchar sus impresiones sobre las polémicas declaraciones de Magic Johnson. Kobe resta importancia a la opinión que pueda tener el que junto a él es el mejor jugador de la historia de la franquicia, aunque en cierto sentido entiende su punto de vista. También quita hierro a la posible presión que siente por estar a máximo dos partidos de superar el récord de Michael Jordan, con quién tiene pensado hablar o mandarle un mensaje cuando lo logre. Kobe está de buen humor por el partidazo firmado y la victoria, e incluso se anima a hablar en español a las preguntas de mi amigo Gonzalo para ESPN Deportes.

 

22:47: Casualidades para nada propiciadas hacen que abandone el pabellón junto al grupo de cinco o seis personas que rodea a Kobe. No hay duda que las normas que prohíben a los periodistas pedir autógrafos o fotografías se crearon para que fans como yo no aprovecharan su credencial con este único propósito. Kobe se va a buscar su coche, o quizás el helicóptero con el que se dice que llega a partidos y entrenamientos. El escolta vuelve a casa con la consciencia tranquila de quién ha firmado su enésima noche de 32 puntos y sabe que está a solo 31 de superar al más grande que nunca haya jugado a baloncesto.

 

22:53: Salgo del Staples Center y me asalta el espectáculo surrealista que supone ver a gente patinando en una pista de hielo en Los Angeles. Suena “Last Christmas” para recordarme que, aunque el clima de manga corta haga que a veces se olvide, estamos ya en Diciembre.

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23:34: De nuevo en Hollywood no queda ni rastro de que pocas horas antes una de las avenidas más famosas del mundo acogió la premiere de The Hobbit. Los Angeles es un limbo donde incluso la misma ciudad es provisional, a la espera que el temido terremoto Big One con el que algún día va a castigarla la falla de San Andreas la haga añicos. Ni el Imperio Romano duró para siempre ni va a hacerlo Los Angeles, como tampoco podremos gozar eternamente de este talento sin igual en la historia del baloncesto llamado Kobe Bryant. Fue un lujo indescriptible verle en directo y estaré encantado de, tan pronto como sea posible, volver al Staples para seguir presenciando el magistral ocaso de una leyenda que se resiste a dejar que lo mejor de su trayectoria quede atrás.




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