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[07/05/2012] Opinión
El arte de la reconstrucción
Por Carlos del Castillo @ultimatenba | @CdelCastilloM

Los Utah Jazz demuestran que reconstruir, desarrollar jóvenes y seguir ofreciendo un buen espectáculo a los aficionados es posible.

A diferencia del baloncesto FIBA, donde la existencia de competiciones paralelas a las ligas nacionales (y la posibilidad de descender de categoría) permite que la mayoría de los equipos encuentren metas acordes a su nivel; en la NBA solo puede ganar uno.

Todas las franquicias podrán hacer balance de su temporada y analizar si han conseguido el porcentaje de victorias adecuado o si han llegado tan lejos como esperaban en los play offs. Pero solo un equipo conseguirá la gloria, no existe ningún logro alternativo al anillo de campeón.

Los objetivos a los que las franquicias pueden aspirar se reducen a dos: ganar o prepararse para ganar.

Si un proyecto no gana no se accede a buenos contratos televisivos, no se llena el estadio y no se llama la atención del aficionado, mientras se gasta el dinero del dueño. En ese momento la tentación reconstrucción llama a las puertas de los General Managers.

Cada vez es más habitual ver como los GM pulsan el botón de reconstrucción y optan por rehacer el equipo desde su base, en vez de apostar por seguir fortaleciendo el núcleo. No en vano es un proceso en el que se liberan salarios, se prueban jugadores con contratos rookie, se contratan entrenadores novatos y se ahorra dinero.

Siguiendo esta línea Sam Presti, con sus Oklahoma City Thunder, ha llevado a cabo la reconstrucción perfecta, destruyendo por completo la base que dejaron los antiguos Seattle SuperSonics para armar un equipo con opciones de conquistar el título, pasando de un record de 23/59 (28% de victorias) en 2009 hasta un 47/19 (71%) en este 2012.

Sin embargo la reconstrucción no es una ciencia exacta y donde Presti ha triunfado, se puede fracasar, siguiendo sus mismos pasos. Es un arte, que en gran parte de basa en saber dar los pasos adecuados en el momento propicio.

Pese a todo, se acepta que este método, que pasa por temporadas en las que el equipo se ve obligado a ofrecer al aficionado un nivel deportivo paupérrimo, es mejor que quedarse en tierra de nadie en la clasificación, lo que puede conducir a quedarse fuera de los play offs y a la vez no tener opciones de conseguir a los mejores jugadores en los drafts.

Y es en este momento cuando Kevin O’Connor, GM de los Utah Jazz, aparece en escena.

Una reconstrucción ganadora

Hace poco más de un año los Utah Jazz representaban una agradable seguridad dentro del universo NBA. Sabíamos que Jerry Sloan plantaría un equipo duro en defensa, poco dado al triple y con una gran circulación dentro-fuera entre los dos puntales históricos de su ofensiva: el base y el ala-pívot.

Un equipo liderado por Deron Williams, capaz de ganar a cualquiera, que se había clasificado para los play offs en 24 de los últimos 28 años y con una afición aguerrida y fiel, que convertía Energy Solutions Arena es una de las canchas más difíciles de la liga.

Pero todo cambió cuando el mítico Sloan dimitió tras 23 años al frente del equipo, cansado de la actitud de algunos jugadores endiosados que no admitían su autoridad como entrenador y de la complicada relación con Deron.

Kevin O’Connor decidió que, sin Sloan, había llegado el momento de reconstruir. Sospechando de la actitud de Deron, optó por traspasarlo semanas después de la dimisión de Sloan, dejando a Utah sin sus dos caras más importantes.

Pero cuando todo el mundo hubiera entendido que la franquicia diera el paso atrás que exige una reconstrucción, para volver con más fuerza, O’Connor no lo dio. No traspasó al resto de sus jugadores importantes por espacio salarial y rondas. No obligó a su equipo a tankear.

En vez de ello, premió a sus aficionados manteniendo un equipo robusto, en el límite salarial, con jugadores veteranos que soportan a un conjunto que también da espacio para que los jóvenes destinados a ser las caras de la franquicia en futuras temporadas se desarrollen.

O’Connor ha dado una vuelta de tuerca más es el arte de la reconstrucción, planteando una reconstrucción ganadora y dando preferencia a la imagen del equipo ante sus aficionados por encima del rendimiento económico.

Los fans de Utah pueden agradecérselo animando a su equipo en postemporada por vigésimo quinta vez en los últimos 29 años, tiñendo hasta la última butaca de la cancha con su color celeste.

Y si su modelo es seguido como ejemplo por otros GM, seguro que los de Utah no serán los únicos aficionados que se lo agradezcan.




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