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En una competición deportiva del nivel de la NBA, donde la intensidad y exigencia de la temporada pone a prueba el físico de los jugadores, los equipos médicos adquieren, y cada vez más, un relevante papel en los equipos.
El baloncesto que se practica es cada vez más físico. Mucho músculo, fuerza, velocidad, potencia sin control (no sirve de nada, que diría aquel). Los cuerpos de los jugadores son llevados al límite, en una continua sucesión de partidos, cada cual más intenso que el anterior. Todos sabemos que un esfuerzo así es casi sobrehumano, aunque sean profesionales, por lo que (y así es) siempre planea sobra la NBA la sombra del doping. ¿Toman los jugadores NBA sustancias que les ayudan a rendir? Por supuesto. ¿Ilegales? Tal vez. Lo que es seguro es que la comisión hace la vista gorda en ese aspecto. Para cubrirse, de vez en cuando enganchan a alguien fumando marihuana, y así dan ejemplo a los niños del mundo… pero creo que no es la marihuana lo que hoy preocupa. En una especie de fiebre por hacer cuerpos más atléticos, más resistentes, más fuertes y más deslumbrantes, los equipos médicos han acabado perdiendo el control. Los jugadores NBA, como profesionales del deporte que son, siempre han recibido una atención médica de primer nivel que les ayuda a potenciar su cuerpo y aguantar la intensidad de la liga, pero… ¿en qué momento se perdió el control? En menos de medio año se han detectado varios jugadores con problemas de corazón, el último de ellos Jason Collier (pívot de los Atlanta Hawks), que falleció recientemente por un paro cardíaco a los 28 años de edad. Anteriormente se habían conocido los casos del jovencísimo pívot Eddy Curry (entonces en los Chicago Bulls), que se perdió el final de la pasada campaña por problemas de arritmia. Se especuló incluso con su retirada, aunque afortunadamente al final no ha sido así. Los Knicks han apostado fuerte por él, confiando en que sus problemas de corazón hayan desaparecido. Un tercer caso, el de Robert “Tractor” Traylor. Algunos dirán que no es raro que un hombre de su talla, con el patente sobrepeso que padece, tenga problemas de corazón. Traylor lleva 7 años en la liga, y siempre ha sido obeso (algunos años incluso más que ahora), pero nunca ha tenido problemas de corazón. Curiosamente, le aparece una arritmia al mismo tiempo que a otros dos jugadores. Tras hacer una buena campaña con los Cavaliers el año pasado, Robert Traylor no ha encontrado equipo para esta temporada, y también se habla de posible retirada. Otro que no ha encontrado equipo debido a problemas con su corazón es Fred Hoiberg , el ex de los Minnesotta Timberwolves que también padeció algún percance de arritmia a finales de la pasada temporada. Al mismo tiempo, el rookie de los Lakers Ronny Turiaf no ha firmado por el equipo que le había elegido en el Draft, también por problemas en el corazón que le impiden jugar al baloncesto, según los médicos. Turiaf no había jugado en la NBA, pero oigan, ¿no son demasiados casos en un año? En una liga donde el corazón no es un problema habitual en los jugadores, ¿cómo puede haber cuatro casos en menos de un año? ¿Es posible que el exceso de celo de los médicos que tratan a estas máquinas del deporte haya llevado a esta situación? Desde luego, no voy a formular acusaciones pero parece, cuanto menos, probable que todo este tema esté provocado por la irrupción de algún nuevo fármaco destinado a potenciar alguna característica de los jugadores. Más alto, más fuerte, más potente… pero eso sí, algo arrítmico. Comentarios en el foro |
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